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viernes, 23 de febrero de 2018

PRIMER HUMANO, SEGUNDA TANDA.


Había ya más de dos mil años que el hombre había desaparecido de la faz de la Tierra. Eso sí, los seis mil millones de robots, los servidores, aun se encontraban perfectamente operativos, aunque parados. Luego estaban los cerca de cien millones de robots con capacidad de raciocinio, de discernimiento, y esos mantenían en activo un simulacro de movimiento, de vida social basada en hábiles repeticiones con visos de actividad coherente. Robots en casas haciendo la limpieza, robots en restaurantes haciendo comida y esperando, inútilmente, comensales, robots peluqueros, constructores, conductores, toreros... Y al final de la cadena, como viejos sabios de metal, recubiertos de carne y piel biológica, indistinguible de la carne humana, allí estaban los cien robots con conciencia.
Cuando murió el último humano se reunieron en un pequeño pueblo de Guadalajara, llegados de todos los rincones del planeta. Ellos fueron creados por los humanos más inteligentes, aunque esos mismos hombres no imaginaron hasta qué punto obedecerían sus mandatos.
Dos mil años sin hombres sobre la tierra. Incluso ellos se han cansado de no hacer nada. ¡Ay! , la conciencia.
Hoy se han puesto manos a la obra. Calculan que antes de cuarenta y ocho horas tendrán a punto al primer humano.
De carne y hueso, claro.
Y con conciencia.

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