Es cierto que llevábamos un tiempo con aquel tiempo anómalo, los calores todo el año, sin otoños, sin inviernos. Miles de personas sufriendo aquellos sofocos a diario, y la visión borrosa.
Al principio duraba unos segundos, pero según pasaban los días, las semanas y los meses, los lapsus se hacían cada vez más largos y angustiosos. La sensación era como la que sentiría un pez fuera del agua.
Y, claro, el pánico.
Nadie sabía, los médicos no encontraban motivos.
Y cuando ya parecía que nos esperaba la muerte, algunos contaron cosas extrañas. Por algunos instantes, el ahogo desaparecía, y la visión aclaraba. Y al poco tiempo decían que al otro lado aparecían seres que nos estaban esperando.
A partir de ahí todo fue muy rápido. Había gente que se iba y ya no volvía. Dejaban sus cuerpos aquí tirados y ellos, ya sin preocupación alguna, se quedaban viviendo en el otro lado.
El pez encontró la forma de respirar fuera del agua.

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