De forma ordenada aparecen los hologramas ante mí, las estructuras primarias sobre las que se amoldan las demás.
Mira, me dice, aquí tengo una nueva versión del ADN, al que le he programado una secuencia gradual operativa. Lo creado comienza su existencia manejando tan solo dos hilos, y si completa con éxito la fase de adaptación se añaden hilos nuevos. La creación decide, por así decirlo, cuándo se van añadiendo los hilos nuevos, hasta completar los doce. Es el camino del descubrimiento de sí mismo. Si todo va bien, me cuenta, en mil millones de años, la creación llegará hasta mí de nuevo.
No puedo por menos que asombrarme, sobre todo porque sé que también yo soy una creación suya, así como él mismo es la creación de alguien.

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