El juicio se toma un descanso; las risas, descontrolados borbotones, le mueven la barriga como un fuelle.
Ahora llega el momento en el que se comenta lo del millón de euros, en negro, claro.
Y en su mente se produce la división; por un lado es el de siempre, el idealista insobornable. Pero ahora también está despierto el otro, el relajado, el que se llevará el millón y después se mentirá.
Y, borracho, fantasea.
Un millón.
Y con el millón
se comprará un...
Y viajará a...
Invertirá en...
Se casará con...
Se vengará de...
Apostará por...
El vino, sí, ese vino tan caro, el que duerme al idealista.

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