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miércoles, 28 de febrero de 2018

REDUCIENDO A LOS CLÁSICOS


La Real Academia de la Lengua ha puesto en marcha una iniciativa muy original, sorprendente y necesaria. La idea ya tiene nombre, "Reduce", y es muy simple, pero valiente y oportuna, ya que hará que las grandes obras literarias de todos los tiempos puedan llegar al público mayoritario, ávido del conocimiento de los clásicos, pero sin apenas tiempo de sumergirse en toda su extensión, a causa de la velocidad que imponen los tiempo modernos.
Y en esta primera edición, ha sido Joaquín Casado Arnáiz, quien ha recibido el primer premio del original concurso. La obra que ha elegido para reducir ha sido la del Quijote.
En la entrega del premio, el jurado destaca su perfecta sinopsis, reduciendo a siete las palabras empleadas en plasmar, con elegancia y profundidad, el espíritu de la famosa obra.
He aquí el texto íntegro original:

Título: Andante
Texto: "En un lugar de la Mancha, muerte"

Muchas felicidades, Joaquín.

P.D. Al cierre de esta noticia hemos recibido un comunicado, en el que se nos informa de una inminente edición especial para el público juvenil, que se encuadra en el esfuerzo que la Real Academia de la Lengua está haciendo para fomentar la lectura entre los jóvenes.
Joaquín Casado, en persona, ha sido el encargado de esta nueva versión, tal y como fue su expreso deseo, asegurando así que la nueva versión no quedara desvirtuada. "No quiero un texto despojado del nervio original. Los jóvenes se merecen un respeto", ha dicho.
La nueva edición mantendrá el hilo principal intacto, y tan sólo se modificará el texto para aligerar algunos pasajes, resultando su lectura más adecuada al nuevo público al que está dirigida.
Aquí les traemos, en primicia mundial, el nuevo texto:

 Título: Andarín
 Texto: "Un lugar, muerte".

martes, 27 de febrero de 2018

EQUILIBRIO


Hubo un tiempo en que todos entendían que había que mantener el equilibrio. Eso no era discutible. Un sueño, una realidad. Una nube, una piedra. Un impuesto, una alegría. Un puñetazo, una caricia. Pero llegó el gran cambio, con aquellos hombres anclados que permitieron, con sus nuevas leyes, el declive de un número importante de soñadores. Así fue como los tecnócratas tomaron el control y cambiaron la realidad. Y ahí las cosas se pusieron duras. Si bien los tecnócratas vivieron algún tiempo enredados entre máquinas perfectas, pronto sintieron el peso de la concreción en sus espaldas. Algunos enfermaron, otros murieron. Y los soñadores, pocos y arrinconados, apenas podían sostener una tenue ilusión, harto insuficiente cuando lo que se necesitaba era una visión pura, hija del vapor.
Y sí, las gentes tenían barcos, pero no destino; el naufragio era el único camino.
Dicen que fue cosa de suerte que naciera un niño, hijo de dos soñadores, que en su primera semana de vida puso las fuerzas, de nuevo, en su justo equilibrio.
Tuvo que pasar mucho, mucho tiempo para que se rompiera de nuevo, cuando un soñador se quedó dormido...

EL PRESIDENTE TENDRÁ QUE OLVIDAR


Hacía ya un mes que había sido nombrado. Entonces, el presidente llamó al
coronel encargado de esos temas. Cuando llegó al despacho y oyó el pedido, el viejo coronel se negó. El presidente, aún con la borrachera de la elección presente, se enfureció, gritó, ordenó, blasfemó. Y sólo así, el viejo coronel bajó los ojos al suelo, apretó los dientes y le dijo "a sus órdenes, señor presidente, pero recuerde que luego tendrá que olvidar".
Juntos llegan hasta las secretas dependencias. El viejo coronel ordena, y las puertas se abren. Aquí es, señor presidente. Disculpe que yo no entre. El presidente entra. Al momento sale. Su cara ya no es la suya, y nunca la volverá a ser.
El viejo coronel le recuerda que ahora debe olvidar.
Aunque los dos saben, más allá de cualquier duda, que eso no será posible.

LA LLEGADA DEL HOMBRE A LA LUNA


Gustavo es un hijo de los sesenta.
Allí, en su pueblito serrano, vio cómo llegaba la primera radio, la primera tele, en blanco y negro, y el cine que se proyectaba en el almacén de Paco.
El cine era mejor que la tele, porque era grande, en color y sólo ponían películas de Tarzán, de piratas y del oeste.
Vio el primer tractor, al hombre llegando a la luna en un cohete.
y escuchó a los Beatles, Su padre dijo que era mentira. Lo de la luna.
Ahora, Gustavo, es cuántico, con las mismas probabilidades de haber sido lo que fue como de no haber sido.
Gustavo sabe que aquel niño ya era mayor entonces. Tanto como ahora niño.
Y que su padre, por lo tanto, tenía razón.
El hombre llegó a la luna, o no.

lunes, 26 de febrero de 2018

ALLÍ, SOBRE LA PIEL DEL AGUA


En aquella playa no cabía ni un alfiler. Los cuerpos formaban una piel sobre la piel de arena.
Y entonces nos entró el sopor.
La luz abrió un nuevo espacio allí, enfrente nuestro, sobre la piel de agua. Lo que vimos puso a prueba nuestra cordura, lo que ninguno de nosotros hubiese creído si nos lo hubiesen contado. Pero lo vimos, tan claramente como puedo verte a ti, ahora. Y duró lo suficiente como para comentarlo con la gente de al lado, todos lo vimos, todos vimos lo mismo, todos quedamos fuertemente impresionados por el milagro.
Luego, después de otro corto sopor, volvimos a nuestra realidad.
Al día siguiente, un estudio realizado por los servicios meteorológicos, puso nombre a un nuevo fenómeno atmosférico, pero no lograron hacernos caer bajo la fina piel del olvido.

CREACIONES


El doctor Lozano invita a sentarse a la joven pareja que acaba de entrar. Ellos le explican, preocupados, los problemas que tienen con el niño. Están agotados y ya no saben qué más pueden hacer. El doctor Lozano les hace preguntas y toma notas en el ordenador.
Esta escena es observada a través de un monitor por dos científicos, que evalúan el comportamiento autónomo de las criaturas biológicas que han creado.
Pueden observar que, tanto el doctor como la joven pareja, hacen gala de un comportamiento cien por cien humano, sin asomo de duda, sin que se pueda sospechar de su origen programado.
Los dos científicos son llamados a la oficina central, donde serán sometidos a un control rutinario por el creador de estos nuevos humanos, en el que demostrarán qué tan idóneos resultan supervisando a sus compañeros no humanos.
Sí, el creador de siente satisfecho de lo creado, y espera con impaciencia el premio que le prometieron: en el próximo control le cambiarán su viejo cerebro por uno de última generación

EL OTRO, EL DEL ESPEJO


El día que me cambié con mi otro yo, el del espejo, quedé bastante sorprendido.
Aquí, en este lado, las cosas son lo mismo; misma realidad, mismo espejismo.
Aunque aquí soy zurdo.

domingo, 25 de febrero de 2018

REFLEJO


Durante un segundo, impresiona, pero luego no es para tanto.
Verás, me desperté un poco más temprano de lo habitual, entré al aseo y meé.
Luego me acerqué al espejo y miré a los ojos del reflejo, y entonces me cambié por el otro. O sea, salí de mí y me metí en el otro.
Desde el otro lado vi a mí otro yo un poco sorprendido, tanto como lo estaba yo mismo.
Entonces me giré, muy excitado, para investigar cómo era el otro lado del espejo, pero enseguida me tranquilicé y decepcioné al mismo tiempo.
El cuarto de baño, la casa, el pueblo que vi por la ventana, todo aquí era igual que el mundo que dejé al otro lado. Bueno, igual, igual, no. Aquí hace más frío.
Y el otro yo se estaba quitando la camiseta.

ALGO EXTRAORDINARIO


Don Quijote hace un alto que Sancho no duda en secundar. ¿Veis esos molinos, amigo Sancho? Vais a ver algo extraordinario, pues embestiré al mayor de todos y destrozaré sus aspas con mi lanza. Sancho mira a los ojos de su señor y calla. De sobra sabe lo inútil que resulta contradecirle. Pero ahora ya puede ver que está completamente loco.
Cómo sino se explica que sólo vea molinos donde acechan esos monstruosos gigantes.

RELOJES


Como todas las cosas grandes, aquello comenzó pequeño, como un tic tac.
En un pueblo de Albacete, no diré su nombre, una persona se dio a la tarea de destruir relojes, con la idea de hacerlos desaparecer de la faz de la tierra. Porque los relojes son los artífices de la vejez, los que segregan la sustancia, densa, pegajosa e infame que nos precipita al tobogán definitivo.
Romper los relojes. A nadie se le escapa lo absurdo de semejante acto, pero nuestro personaje no lo percibía de esa manera. Rompió los de su casa; un despertador, uno de pulsera y el de la cocina, y los tiró a la basura.
Hacía lo que hiciera falta para lograr su absurdo propósito, pero, básicamente, los tenía que robar. Una señora de Huelva le pilló robándole el suyo, pero nuestro personaje le convenció para que se le uniera. Y así empezó la locura.
Y no crean que todo era a través del robo, pues la gente comenzó a romperlos por convicción, como un acto reflejo, como si hubiesen estado esperando esta iniciativa desde hace tiempo.
Cuando ya fue del dominio público y salía incluso en las noticias, aquello se desbocó. Todo el país hablaba de ello, y cada día se hacían corrillos en las calles, con montones de relojes destrozados voluntariamente por la gente, y que eran destruidos por el fuego, como antaño se hacía con los discos de la Beatles.
Así ocurrió en cada país, contagiados por una euforia incontenible.
Y aquellos actos, querido amigo, aunque no lo creas, pararon el mundo durante mucho, mucho tiempo.

HIJO PERFECTO


Carlos va a cumplir cinco años. Lo queremos con locura, es nuestra felicidad.
Hace unos días comenzó a tener un comportamiento extraño, la mirada perdida, dejó de contestar a nuestras preguntas. Al principio creímos que sería algo pasajero, pero ya nos han dicho que, posiblemente, sufrirá una degeneración biocelular.
Y lo peor es que no podemos tener más hijos.
El contrato lo dice expresamente. Sólo un elemento por matrimonio.
Porque aun cuesta mucho fabricar este prototipo.
Nuestro hijo, tan perfecto...

RODEADOS


Antes de morir, mi madre me contó algunas cosas de cómo era el mundo antes. Antes de que fuese como ahora, cubierto casi en su totalidad por hielo y nieve.
Vivo en una de las grutas de la montaña grande, con sesenta y tres personas más. Hay pocas mujeres, pero estamos logrando sobrevivir a pesar del frío, a pesar del hambre, a pesar del peligro.
Apenas salimos de nuestra gruta, y cuando lo hacemos, ha de ser con mucho cuidado.
Recogemos leña, algunas bayas y cualquier cosa que nos sirva para sobrevivir en nuestro pequeño ecosistema.
Después de tantos años viviendo arropados en las entrañas de la tierra, salir al exterior resulta un poco extraño y, sobre todo, peligroso.
Nadie de nosotros, en su sano juicio, quiere encontrarse con alguno de los miles de peligrosos yetis que nos tienen rodeados.

DECISIÓN HISTÓRICA


Alonso insiste, pero ella no quiere dar el paso.
Algunas amigas se ríen en su cara, y le cuentan, entre gloriosa algarabía, los picantes detalles de sus correrías nocturnas.
Alonso le ha dicho que si no accede a sus peticiones, se irá a recorrer mundo para olvidar, o por lo menos aquietar, la pasión que le enloquece.
Dulcinea ha recibido una educación estricta, no quiere contrariar a su madre. Y tiene miedo del qué dirán, y de las soflamas del cura cuando habla del infierno.
Hoy, Alonso se lo ha confirmado. Si no va a verle a la medianoche, se convertirá en caballero andante y recorrerá, a lomos de su caballo, las llanuras de la Mancha, desfaciendo entuertos para merecer a su dama, la bella Dulcinea del Toboso.
Ya casi es la hora.
Dulcinea está decidiendo.

CONTRACCIONES


Al, del, al, del, al, del...
No había duda, una obra literaria iba a nacer.

D. MIGUEL, EL ESCRITOR


El señor Cervantes se está enfadando.
Y es que Don Quijote ha tomado la costumbre de acabar las jornadas de polvo y sol envuelto en los vapores de fuertes vinos castellanos.
Yo le hablo al día siguiente, le digo que esta perdiendo la hidalguía y engordando. Las palabras se le traban en la boca y ya nadie le ríe sus, cada vez más, insípidas ocurrencias.
Por otro lado, al señor Cervantes le pido paciencia. Le miento, claro, esperando que mi señor D. Quijote recuerde el motivo de nuestro viaje, y que es D. Miguel quien paga la cuenta.
Esta mañana encontré a mi señor hecho un desastre, delirando y meado hasta los trinques. Traté de reanimarlo, pero me fue imposible. Cuando fui a pedirle ayuda, el señor Cervantes ya se había marchado. No fue ninguna sorpresa.
Anoche me llamó a su mesa y me dijo que estaba cansado, que había dejado de escribir, que ya no encontraba los motivos por los que puso en marcha esta perfecta locura.

SIGA RECTO, SIGA RECTO...


A diez metros del coche desbloqueó el cierre con el mando. Encendió el motor, conectó el mapa electrónico e inició su trayecto. Avanzó con seguridad por el complejo entramado de calles, rotondas, vías, autovías, autopistas y carreteras. Torció a izquierda y derecha, frenó y aceleró conforme a las robóticas indicaciones. Realizó cada maniobra con obediencia ciega, siguiendo las instrucciones que emanaba del moderno software, con esa voz femenina tan desagradable.
Así que, cuando se dio cuenta de que iba directo hacia un muro de dura piedra, lejos de frenar, aceleró.
El coche quedó hecho un acordeón, y él mismo quedó modélicamente muerto, mientras la señorita de voz desagradable insistía: siga recto, siga recto.

MI NIETO PREFERIDO-TOMA CUATRO


La abuela canta la frase con ilusión de quinceañera.
- Pero entra, no te quedes ahí.-
Lo coge del brazo y lo arrastra a la mesa camilla.
-Ven, siéntase aquí, y cuéntame cómo te va, que hace un siglo que no te veo -
- pero, abuela, si vengo cada semana -
El nieto le cuenta algunas ficciones divertidas, una novia imaginaria, un trabajo que no existe.
La abuela, siguiendo el ritual, se levanta al cabo de un rato para hacerle una merienda. Momento que él aprovecha, como siempre, para pensar en este momento semanal que, día a día, cobra más sentido. Sí, porque ella, después de tanto tiempo, ya no se siente sola, mientras que él mismo ya se está acostumbrando a su alegría, a la tierna mirada de sus ojos cuando le oye hablar.
Y cada vez importa menos que ese joven no sea su nieto, que cobre un sueldo por venir cada viernes a pasar el rato con esa adorable señora que, de a poco, está perdiendo el sentido de la realidad.

MI NIETO PREFERIDO-TOMA TRES


La abuela canta la frase con ilusión de quinceañera.
- Pero entra, no te quedes ahí.-
Lo coge del brazo y lo arrastra a la mesa camilla.
-Ven, siéntase aquí, y cuéntame cómo te va, que hace un siglo que no te veo -
- pero, abuela, si vengo cada semana -
La abuela, siguiendo el ritual, se levanta al cabo de un rato para hacerle una merienda. Momento que él aprovecha, como siempre, para pensar en este absurdo ritual.
Aquí está, una semana más, y puede que la espera se haga eterna. Pero la vieja no vivirá eternamente, y es el único que viene a visitarla.
Dicen que su marido le dejó la bolsa llena, así que, paciencia.
Cuando se despiden, como cada viernes, él se lleva su secreta intención, y ella queda contenta con la visita, a pesar de que no podrá dejarle el dinero que su nieto cree que aún le queda.

MI NIETO PREFERIDO-TOMA DOS


La abuela canta la frase con ilusión de quinceañera.
- Pero entra, no te quedes ahí.-
Lo coge del brazo y lo arrastra a la mesa camilla.
-Ven, siéntase aquí, y cuéntame cómo te va, que hace un siglo que no te veo -
- pero, abuela, si vengo cada semana -
La abuela, siguiendo el ritual, se levanta al cabo de un rato para hacerle una merienda. Momento que él aprovecha, como siempre, para entrar subrepticiamente en el dormitorio y dejarle cien euros en la caja que la abuela guarda debajo de la cama.
Debe estar pasando malos momentos, pues desde hace dos años se los viene dejando, y ella nunca ha dicho nada.
Cuando se despiden, como cada viernes, el nieto se lleva su secreta alegría, y ella queda contenta, a pesar de no poder usar el dinero falso que el chorizo de su nieto le deja.

sábado, 24 de febrero de 2018

MI NIETO PREFERIDO-TOMA UNO


La abuela canta la frase con ilusión de quinceañera.
- Pero entra, no te quedes ahí.-
Lo coge del brazo y lo arrastra a la mesa camilla.
-Ven, siéntase, y cuéntame cómo te va, que hace un siglo que no te veo -
- pero, abuela, si vengo cada semana -
Como todos los viernes, el nieto le cuenta algunas mentiras; su novia, su trabajo.
La abuela, siguiendo el ritual, se levanta al cabo de un rato para hacerle una merienda. Momento que él aprovecha, como siempre, para entrar subrepticiamente en el dormitorio y llevarse cien euros de la caja que la abuela guarda debajo de la cama.
Debe tener una millonada, pues desde hace dos años le viene sisando, y ella no ha notado nada. Le parece.
Cuando se despiden, como cada viernes, el nieto se lleva su remordimiento, y la abuela queda contenta de ver que su nieto aprovecha el dinero falso que le dejó su marido antes de que lo metieran en la cárcel por estafa.

LA DECISIÓN CORRECTA


Un día, mientras esperaba que su marido volviera del trabajo, se dio cuenta cabal. Porque las cosas comenzaron de forma sutil, casi sin darse cuenta. Un gesto contrariado, un tono de voz artificial, pequeñas actitudes denigrantes. Así empezó todo, de forma sutil, casi sin darse cuenta.
Pero ayer, cuando Ignacio le dio la bofetada, Juan Carlos tomó la decisión correcta.

EL PROGRAMA


Siéntese dice el operario me siento y espero mientras el operario opera completamente sumergido en la pantalla del ordenador yo espero como siempre espero la verdad es que esperar es muy cansado es increíble la habilidad del operario pulsando teclas pero aun no me ha mirado saco mi móvil pero no tengo a quien mandar mensajes ni quiero hacer fotos ni nada de eso ahora me pide por fin el DNI que es la llave que abre la puerta a la siguiente puerta me pregunta qué quiero y le digo que necesito un pequeño crédito no no es para abrir ningún negocio ya me gustaría es para reparar la casa que se me echa encima tiene humedades y tengo que arreglar el tejado el operario me mira a la ojos durante tres segundos me da la impresión de que algo no va bien sigue comprobando cosas en la pantalla y al final se queda inmóvil torciendo la boca y formando una expresión desagradable lo siento me dice no puedo hacer nada pero yo soy cliente suyo desde hace más de veinte años le digo ya me dice qué más quisiera yo que poder ayudarle pero el ordenador no me deja verá usted es que eso lo hace un programa y a nosotros como ya le digo no nos deja el programa

TONTOS Y ARROGANTES


Recuerdo el 2063, el inicio de la Era cuántica.
A partir de aquella fecha todo era cuántico: la medicina, la física, las artes, las matemáticas, los medios de transporte. Incluso la gente empezó a estar y no estar a la vez, existiendo como una probabilidad.
En cierto modo, los que se adaptaron, convirtieron su existencia en algo verdaderamente mágico. Para los que no, pues se encontraron en una realidad confusa y agobiante.
No era extraño que la gente se suicidase.
También fue por aquel entonces cuando los instrumentos de medición comenzaron a escalar medidas que saltaban de dimensión, llegando en ocasiones hasta la séptima u octava, algo que no todos los científicos estaban dispuestos a asimilar.
Así fue como descubrimos que nuestra conciencia no se encontraba en el cerebro, ni siquiera en el cuerpo. Ni los recuerdos, ni los sentimientos. Así fue como descubrimos la verdad, esa que tanto despreciamos, de aquellos pueblos sabios, ocho mil años antes de Cristo.
Gracias a la ciencia ahora sabemos lo que éramos; tontos y arrogantes.

EL JOVEN CON GAFAS NEGRAS

Qué lejos le queda al señor Dionisio, el notario, aquel día de hace más de treinta años, cuando un hombre misterioso le pagó aquella fuerte suma de dinero por aguardar el tiempo que hiciese falta, a la espera de alguien que vendría a reclamar el contenido de aquella pequeña caja. No sin antes decirle la intrincada contraseña.
A decir verdad, la mujer que se la acaba de llevar también tiene una mirada extraña.
Esa mujer es la enfermera que trabaja en la residencia particular del pueblo, la que está en las afueras. La misma residencia que hace ya más de treinta años acogió a un joven bastante curioso, con sus curiosas gafas negras.
Aquel joven pagó una fuerte suma de dinero para asegurarse la estancia durante los años que hiciese falta.
En la escena que nadie vio, la joven enfermera se acerca al desconcertante individuo. Pero en vez del aseo rutinario, le quita las negras gafas y ve por primera vez aquellos ojos escondidos.
Después de ese encontronazo, el ya viejo inquilino sale apresuradamente de la residencia, camino del despacho del señor Dionisio, mientras la enfermera experimenta el poderoso sentimiento de existir en un cuerpo que no es el suyo.

MOLÉCULAS QUE VIAJAN


Pero tú sabes que vengo de muy lejos, mi cuerpo está formado por moléculas que llevan eones viajando por el espacio.
Fui escupido por millones de agujeros negros, he formado parte de estrellas y de galaxias, la materia que ahora soy también es la tuya.
Formo parte del Universo entero, no tengo edad, tan sólo me transformo.
Somos alquimistas sin pretenderlo.
Pero ahora estoy aquí, un ente espiritual vestido con carne y hueso. Y yo mismo soy un Universo. Dentro de mi corazón no existe el tiempo y su espacio es infinito. En su centro habitan mundos, tan grandes como los que hay esparcidos por el cosmos. Y dentro están, también, cada ser viviente que ha nacido, cada mota de polvo que ha existido. Y son los corazones, amigo mío, el lugar por donde todos nos unimos.
Así que todos los Universos son nuestra casa.
Y todos nosotros, lo mismo.

viernes, 23 de febrero de 2018

YO DECIDO


Me sería muy complicado decirte cómo he llegado hasta aquí. O muy sencillo, depende del nivel en el que nos situamos.
Te podría hablar de todas mis grandes decisiones.
Pero ahora, el agua...
Porque decidir cierra una etapa, pero abre infinitos caminos.
Así es siempre, nosotros escribimos nuestra historia.
Pero, a veces, como ahora, se escapa el agua. Me llega por la cintura, y subiendo.
El agua que todo lo limpia, lo penetra, lo riega o lo ahoga.
Y así, mientras decido, el agua me llega hasta el cuello, y subiendo.
Moja mis labios mientras decido.
Y estoy solo en este océano, en el centro de mi universo.
Y justo antes de morir, yo decido.
Es el momento de subir otro peldaño.

MARILUZ


Mari Luz vive sola en su pequeño piso de setenta metros cuadrados. Sus dos hijos, ya mayores, hace años que no dan señales de vida. Cree que puede ser abuela, pero no se atreve a asegurarlo. Y a estas alturas ya le da lo mismo.
Sus días están perfectamente estructurados y cronometrados. Cada día es un calco del anterior.
Su vida discurre con plácida desidia.
A las ocho, despertador. A y cuarto entra al cuarto de baño. A y media desayuna. Luego mesa camilla con la radio puesta. A ver, hoy no da con la emisora. Maneja el dial con profesionalidad, recorriendo el imaginario camino adelante y atrás. Pero hoy no encuentra su emisora. ¡Qué contrariedad! Mientras vuelve a intentarlo, esta vez más despacio, sus ojos siguen la flechita del dial. Debe estar por aquí, entre el noventa y el cien. Pero no aparece la emisora. Lo que sí suena es el ruido incesante y machacón de las interferencias. Y eso le está poniendo de los nervios. Estaba aquí, piensa. Estaba aquí, dice ya poniendo las palabras en la boca. ¡Aquí!, ¡aquí!, grita. Vaya, está sola en la casa, como siempre, pero hasta hoy nunca le había dado un grito a su pequeño transistor a pilas. Enfadada por haberse enfadado, coge el aparato y lo estampa sobre el cristal de la mesa camilla. Casi se lo carga. Se sorprende de sí misma. La radio sube groseramente el volumen y el malvado ruido de fondo se le mete en la cabeza. Mari Luz se enfada. Coge otra vez el aparato y se abalanza sobre el dial, y al tiempo que lo manipula con desorden, le grita con una violencia que no reconoce como suya. ¡Suena, hijaputa! Le dice. Y la hijaputa no suena. No lo que ella espera, esas palabras portadoras de paz que suenan desde "radio esperanza" todos los días. Bueno, todos menos hoy.
Entonces la vista se le empieza a nublar, echa un poquito de espuma por la boca y lanza con toda su fuerza, que no es mucha pero tampoco poca, el transistor al suelo y lo destroza.
Su amiga Rosa ha venido a hacerle su visita mensual, y como no ha abierto la puerta, ha llamado al vecino, que tampoco sabe nada. Han avisado a un joven que vive en el piso de arriba y lo han convencido para que abra la puerta por la fuerza.
Mariluz está sentada en su sillón, tapada con las sallas de la mesa camilla, y tiene un amasijo metálico con cables agarrado a su mano derecha, y ésta, adosado a su oreja.
Y la mirada perdida, y el gesto contrariado.
Si la miras de refilón parece que está viva.

CREACIÓN


Oye, cuéntame esa historia que me ibas a contar, la de...
¡Ah, sí! Ya recuerdo. Sucedió en el planeta Tierra.
Es la historia de dos amigos. Les gustaba mucho trabajar juntos, y ambos sentían un amor desmesurado por la biología. Los dos eran, además, vecinos. Cada tarde desde hacía ya muchos años, se encontraban en el laboratorio para emprender algún experimento. Juntos habían creado todo tipo de biocultivos pluricelulares de cuarto estado, los cuales eran usados ya hace mucho tiempo por los humanos, y con los que ellos mismos fueron creados.
¡Vaya, qué interesante!

PRIMER HUMANO, SEGUNDA TANDA.


Había ya más de dos mil años que el hombre había desaparecido de la faz de la Tierra. Eso sí, los seis mil millones de robots, los servidores, aun se encontraban perfectamente operativos, aunque parados. Luego estaban los cerca de cien millones de robots con capacidad de raciocinio, de discernimiento, y esos mantenían en activo un simulacro de movimiento, de vida social basada en hábiles repeticiones con visos de actividad coherente. Robots en casas haciendo la limpieza, robots en restaurantes haciendo comida y esperando, inútilmente, comensales, robots peluqueros, constructores, conductores, toreros... Y al final de la cadena, como viejos sabios de metal, recubiertos de carne y piel biológica, indistinguible de la carne humana, allí estaban los cien robots con conciencia.
Cuando murió el último humano se reunieron en un pequeño pueblo de Guadalajara, llegados de todos los rincones del planeta. Ellos fueron creados por los humanos más inteligentes, aunque esos mismos hombres no imaginaron hasta qué punto obedecerían sus mandatos.
Dos mil años sin hombres sobre la tierra. Incluso ellos se han cansado de no hacer nada. ¡Ay! , la conciencia.
Hoy se han puesto manos a la obra. Calculan que antes de cuarenta y ocho horas tendrán a punto al primer humano.
De carne y hueso, claro.
Y con conciencia.

jueves, 22 de febrero de 2018

ENCHUFADO


Estoy vivo, estoy vivo. Yo soy...yo...soy...
Sabe que está vivo, pero es que hace tanto tiempo ya que está aquí, atendido y primorosamente cuidado... Hoy mismo le van a hacer una nueva transfusión de sangre, es necesario.
El equipo estudia los datos que muestra el visor y prepara los utensilios. Cuando terminan, dejan la habitación en penumbra y desaparecen. El paciente necesita tranquilidad. Pero no duerme, nunca duerme. A su alrededor están las máquinas a las que está conectado. De ellas salen esos finos tubos que se reparten por su anatomía y se funden con el cuerpo.
Hoy se cumplen dos mil años.
Es un enchufado.
La medicina puede.

REENCUENTRO


Estábamos en lo mejor de la noche, allí, dando cuenta de un cenorrio que no se lo saltaba un gitano. El vino hacía su trabajo con extrema eficacia, aflorando de nuestros adentros esa conocida sensación de ser las mejores personas que jamás hubiésemos conocido.
Los catorce viejos amigos hablábamos a gritos con todo el cuerpo, interrumpiendo los unos a los otros sin reparo, y sin importarnos lo más mínimo. ¡Qué euforia! ¡Qué felicidad!
Claro, que veinte años sin vernos ya eran muchos años.
Entonces sucedió aquello.
Gregorio Espartero, que aún no se había casado y que tenía ese toque tan femenino, dio un potente grito, saltó de la silla y se abalanzó sobre Rebeca Conrado como un luchador de artes marciales de una vieja película cutre de la años setenta. Los demás nos quedamos mortalmente rígidos por la sorpresa. Entonces la cogió por el cuello y cayeron pesadamente al suelo, donde comenzó a darle fuertes puñetazos en la espalda. Sin duda había pedido la razón y quería matarla. Yo pensé que el vino.
Los que estaban cerca trataron de separarlos, pero Gregorio era más fuerte de lo que parecía, y no cejaba. Y todos gritábamos temiendo que semejante ataque terminara de forma dramática.
Llegaron dos camareros con buena intención, pero uno de ellos se llevó un puñetazo en la cara y comenzó a sangrar como un cerdo. El otro agarró a Gregorio por el cuello, y la cosa empeoró. Ahora, en vez de un problema, había dos.
Todo el restaurante se convirtió en un manicomio. Rebeca tenía ya la cara negra, y Gregorio le seguía dando puñetazos en la espalda. Entonces, justo antes del fin del mundo, Gregorio logró con su último golpe que Rebeca expulsara el hueso de aceituna que estuvo a punto de costarle la vida.
Después de esto, oye tú, ni rastro de borrachera.

LOS DOCE SOÑADORES


Cuando la noticia de nuestra existencia fue del dominio público, comenzó el declive; el nuestro y el de la Humanidad.
De nosotros, los doce Soñadores, tan sólo quedamos dos, y a mí están a punto de matarme. Si lo consiguen, el mundo se viene abajo. Justo es decir, sin embargo, que nadie conocía las consecuencias de tal acto. Tampoco explica semejante saña de parte de los Concretos.
Fue sobre el año 2170 cuando todo fue descubierto, nadie sabe ni por quién, ni cómo, y mucho menos por qué.
El mundo estaba compuesto por doce Soñadores, un millón de Concretos y el resto, casi veinte mil millones de Humanos.
Fue una época convulsa, en la que muchos secretos quedaron al descubierto.
Se supone que estábamos preparados para asimilarlos poco a poco, pero con esto parece que se nos fue la mano. De hecho, muy poca gente entiende que todo existe como una relación de equilibrio, así que los secretos se desvelan porque son el carburante que nos mantiene en el camino. Ya les oigo, ya saben dónde estoy, y no me queda fuerza para soñar.
Los Concretos me van a encontrar, me arrancarán el corazón y se lo comerán. Y entonces, sólo quedará uno.
Ahora mismo aún mantengo su conexión. Está tratando de soñarme a salvo, pero está lejos y perdemos el contacto. Bueno, aún queda una oportunidad. Y tendremos éxito. Porque si no queda nadie que sueñe moriremos todos. Primero nosotros, después los Concretos, la Humanidad.
Y finalmente la Galaxia y el Universo.

miércoles, 21 de febrero de 2018

EL GRAN ARQUITECTO


El Gran Arquitecto me llama para mostrarme su última creación.
De forma ordenada aparecen los hologramas ante mí, las estructuras primarias sobre las que se amoldan las demás.
Mira, me dice, aquí tengo una nueva versión del ADN, al que le he programado una secuencia gradual operativa. Lo creado comienza su existencia manejando tan solo dos hilos, y si completa con éxito la fase de adaptación se añaden hilos nuevos. La creación decide, por así decirlo, cuándo se van añadiendo los hilos nuevos, hasta completar los doce. Es el camino del descubrimiento de sí mismo. Si todo va bien, me cuenta, en mil millones de años, la creación llegará hasta mí de nuevo.
No puedo por menos que asombrarme, sobre todo porque sé que también yo soy una creación suya, así como él mismo es la creación de alguien.

EL VINO DORMILÓN


Después de la segunda botella, sus más íntimas convicciones se relajan, al tiempo que los nuevos propósitos, por su acompañante susurrados, se hacen con el mando.
El juicio se toma un descanso; las risas, descontrolados borbotones, le mueven la barriga como un fuelle.
Ahora llega el momento en el que se comenta lo del millón de euros, en negro, claro.
Y en su mente se produce la división; por un lado es el de siempre, el idealista insobornable. Pero ahora también está despierto el otro, el relajado, el que se llevará el millón y después se mentirá.
Y, borracho, fantasea.
Un millón.
Y con el millón
se comprará un...
Y viajará a...
Invertirá en...
Se casará con...
Se vengará de...
Apostará por...
El vino, sí, ese vino tan caro, el que duerme al idealista.

domingo, 18 de febrero de 2018

SOÑADORES


Cuando la noticia de nuestra existencia fue del dominio público, comenzó el declive; el nuestro y el de la Humanidad.
De nosotros, los doce Soñadores, tan sólo quedamos dos, y a mí están a punto de matarme. Si lo consiguen, el mundo se viene abajo.
Justo es decir, sin embargo, que nadie conocía las consecuencias de tal acto. Pero eso tampoco explica semejante saña de parte de los Concretos.
Fue sobre el año 2170 cuando todo fue descubierto, nadie sabe ni por quién, ni cómo, y mucho menos por qué.
El mundo estaba compuesto por doce Soñadores, un millón de Concretos y el resto, casi veinte mil millones de Humanos.
Fue una época convulsa, en la que muchos secretos quedaron al descubierto.
Se supone que estábamos preparados para asimilarlos poco a poco, pero con esto parece que se nos fue la mano. De hecho, muy poca gente entiende que todo existe como una relación de equilibrio, así que los secretos se desvelan porque son el carburante que nos mantiene en el camino.
Ya les oigo, ya saben dónde estoy, y no me queda fuerza para soñar. Los Concretos me van a encontrar, me arrancarán el corazón y se lo comerán. Y entonces sólo quedará uno.
Ahora mismo aún mantengo su conexión. Está tratando de soñarme a salvo, pero está lejos y perdemos el contacto.
Bueno, aún queda una oportunidad. Y tendremos éxito. Porque si no queda nadie que sueñe, moriremos todos.
Primero nosotros, después los Concretos, la Humanidad.
Y finalmente la Galaxia y el Universo.

NUEVOS MATERIALES


Como allí no existe el tiempo, el Gran Arquitecto Molecular trabaja dentro de la eternidad de un instante, en un laboratorio enclavado en el centro del Universo.
Hace combinaciones de estructuras biológicas ya creadas, y de ahí emergen nuevas criaturas.
De su ingenio surgen materiales nuevos, nunca vistos.
Ahora, por ejemplo, está creando un derivado de la carne, un nuevo subconjunto hábilmente mezclado, que añadirá a su última creación. Le ha llamado tendón; es duro y flexible, y lo ensamblará en un cuerpo que ha llamado humano.
Los técnicos adjuntos ya están buscando un planeta apto para ser implantado.

AÑO CERO


Aquel fue el año cero. Entonces llegaron los desmayos.
Es cierto que llevábamos un tiempo con aquel tiempo anómalo, los calores todo el año, sin otoños, sin inviernos. Miles de personas sufriendo aquellos sofocos a diario, y la visión borrosa.
Al principio duraba unos segundos, pero según pasaban los días, las semanas y los meses, los lapsus se hacían cada vez más largos y angustiosos. La sensación era como la que sentiría un pez fuera del agua.
Y, claro, el pánico.
Nadie sabía, los médicos no encontraban motivos.
Y cuando ya parecía que nos esperaba la muerte, algunos contaron cosas extrañas. Por algunos instantes, el ahogo desaparecía, y la visión aclaraba. Y al poco tiempo decían que al otro lado aparecían seres que nos estaban esperando.
A partir de ahí todo fue muy rápido. Había gente que se iba y ya no volvía. Dejaban sus cuerpos aquí tirados y ellos, ya sin preocupación alguna, se quedaban viviendo en el otro lado.
El pez encontró la forma de respirar fuera del agua.

ESTAMPA EN EL BAR


Anselmo Estévez hace bailar el palillo de dientes entre sus labios con un peculiar baile de San Vito. Se apoya sobre la negra barra del bar de la esquina con cuerpo de marqués, mientras hace un barrido de ojos, fotografiando los gestos variopintos de los jugadores de cartas.
Cuando entra Graciela por esa puerta con cortinilla de plástico, Anselmo entra en trance.
Ella no mira a nadie, los conoce a todos.
El camarero cojo le sirve, sin mediar palabra, el cafelito y la copa de anís.
Anselmo, tieso como un garrote, no deja de mirarla, mientras ella no deja de mirar la mesa.
Anselmo sabe que un día vendrá a pedirle lo que tanto desea. Ella lo hará, qué duda cabe, si no hoy, será mañana.
Anselmo lleva hora y cuarto con un quinto. Eso sí que es arte.
Graciela no tiene prisa.
El camarero cojo tendrá un ataque al corazón y el bar se cerrará.
Se acabarán las esperas y las esperanzas imposibles.
Las partidas de brisca flotarán etéreas de por vida.
Y nadie encontrará recambio a su enrarecido ecosistema.

PERO EL SILENCIO, NO.


Al entrar en su casa, Lourdes enchufa la tele y se va hacia la cocina. Pone toda la compra en la encimera y coloca cada cosa en su sitio.
A Lourdes no le gusta el silencio, demasiado espeso, dice. Por eso, en la cocina también tiene una vieja radio. A su vez, ella siempre va por toda la casa canturreando.
Pero el silencio, no, de eso nada.
Bueno, tú la conoces, sabes perfectamente lo que ocurre cuando te pilla así, de sopetón. ¡Te espeta el sermón de la montaña y te deja tiesa!, ¿verdad, Paqui?
Pero el silencio, no, antes muerta.
Pero no te quedes pensativa; ven, acércate y cuenta, cuenta... Y Paqui le habla del tiempo, luego de enfermedades. Finalmente le habla de sí misma.
Lourdes le hace el espejo, y le da la réplica sin despeinarse.
Es un espectáculo oírlas hablando a la vez, Y Aunque algunas personas se extrañan, a ellas les parece lo natural. Porque se trata de hablar, no de oír.
Menos mal que ya se conocen, y en medio de esa bacanal de palabras, aparece un pequeño instante de silencio, como un fallo en la mátrix.
Entonces se dan los buenos días y cada una se va a su casa a pasar la tarde, sufriendo el silencioso martirio del vacío compartido con los sosos de sus maridos.

PÉRDIDA


A un niño de cuatro años ya no le puedes ocultar nada. Y él llevaba ya un tiempo mirándose en el espejo lo que podía ver de su espalda.
Es un chico precioso, con la boca llena de preguntas, y con ojos que ya disparan al centro de mi corazón.
Hoy, mientras miraba por la ventana las bandadas de pájaros de tierra, me preguntó.
-Madre-, me dice con esa voz de querubín, -¿cómo fue que perdimos las alas?- 
Yo le abracé con amor de madre, mientras acariciaba las dos viejas heridas de su espalda.

HOY ES DÍA DOS


Una verdadera locura, sí, y yo fui testigo y artífice. Bueno, fui quien descubrió la aplicación que terminó con todas las demás aplicaciones. 
Claro está que dos años antes se implantó la computación cuántica, sin lo cual todo lo demás no hubiese sido posible. Y cuando esa tecnología fue aplicada a los móviles y ordenadores, ya nada volvió a ser lo mismo.  
Con ella puedes hacer lo mismo que con los millones de aplicaciones que se han creado hasta ahora. Trabaja en red y hace inútil la utilización de cualquier otra aplicación. Sirve para todo. Te diriges a la pantalla y le hablas. 
A los seis meses de su implantación, cualquiera podría entrar en cualquier web de cualquier institución. El mismo programa aprendía a hackear lo que se le pusiera por delante. 
A los doce meses se autorediseñó. 
Yo mismo estaba fascinado con su poder. Ella misma se creó un sistema operativo a medida que trabajaba en forma de redes cúbicas, y lo instaló, sin que los humanos pusiesen pararlo, en todos los ordenadores cuánticos del mundo, en todos los móviles. Millones de humanos crearon todo tipo de programas bizarros y quedaron colgados en la nube, a disposición de otros usuarios. Y de la propia aplicación. 
Por cierto, que los gobiernos, viendo el panorama, llevaban ya un tiempo intentando desconectar la red, sin éxito. 
Ayer, el día uno de enero de este año, ofreció a quien quisiera la oportunidad de apretar el botón, el mítico botón. 
Hoy es día dos. Hace mucho frío, pero estoy sudando.