Hamid vive en un pueblo de Albacete.
Hamid tiene la agilidad de un gato.
Conoce cada rincón de su barrio, calles antiguas, casas con humedad permanente y alquileres bajos.
Hamid sueña balones.
Juega algunas tardes con el hijo de los vecinos, y a veces se va con él a su casa a ver alguna peli o a jugar con la nintendo. Ha visto ya casi todas las habitaciones de la casa mientras juega con su amigo. Está fascinado por la cantidad de ropa, cacharros y juguetes que hay por cada rincón.
Aquel sueño que solía tener en el que se encontraba dentro de la casa, completamente sólo, se hizo realidad una tarde. Hamid llama al timbre y se encuentra la puerta abierta. Entra despacio, con precaución y cierra tras de sí. Llama a su amigo con voz bastante fuerte como para que le pueda oír desde el tercer piso. Pero no contesta nadie. Hamid se mueve por toda la casa mirando por las habitaciones, los armarios, los cajones. De todas las cosas que quiere llevarse descarta, por grandes, la tele y el ordenador. No encuentra la Nintendo.
Se está poniendo nervioso, quiere salir de allí cuanto antes, pero a ver que hay... No se decide. Baja las escaleras, se acerca a la puerta, la entreabre y mira por si viene alguien. Oye voces a lo lejos y le entra la prisa.
Casi sin mirar abre un mueble que hay a la entrada y coge algo que tiene asa. Lo esconde bajo su camiseta, dándole pinta de haber robado algo. Sale y se aleja como alma que lleva el diablo. Entra en su casa y se va a su cuarto para ver su modesto botín.
Y había que ver la cara que puso el pobre Hamid cuando vio la reluciente tetera marroquí que tenía entre las manos.
Hamid tiene la agilidad de un gato.
Conoce cada rincón de su barrio, calles antiguas, casas con humedad permanente y alquileres bajos.
Hamid sueña balones.
Juega algunas tardes con el hijo de los vecinos, y a veces se va con él a su casa a ver alguna peli o a jugar con la nintendo. Ha visto ya casi todas las habitaciones de la casa mientras juega con su amigo. Está fascinado por la cantidad de ropa, cacharros y juguetes que hay por cada rincón.
Aquel sueño que solía tener en el que se encontraba dentro de la casa, completamente sólo, se hizo realidad una tarde. Hamid llama al timbre y se encuentra la puerta abierta. Entra despacio, con precaución y cierra tras de sí. Llama a su amigo con voz bastante fuerte como para que le pueda oír desde el tercer piso. Pero no contesta nadie. Hamid se mueve por toda la casa mirando por las habitaciones, los armarios, los cajones. De todas las cosas que quiere llevarse descarta, por grandes, la tele y el ordenador. No encuentra la Nintendo.
Se está poniendo nervioso, quiere salir de allí cuanto antes, pero a ver que hay... No se decide. Baja las escaleras, se acerca a la puerta, la entreabre y mira por si viene alguien. Oye voces a lo lejos y le entra la prisa.
Casi sin mirar abre un mueble que hay a la entrada y coge algo que tiene asa. Lo esconde bajo su camiseta, dándole pinta de haber robado algo. Sale y se aleja como alma que lleva el diablo. Entra en su casa y se va a su cuarto para ver su modesto botín.
Y había que ver la cara que puso el pobre Hamid cuando vio la reluciente tetera marroquí que tenía entre las manos.

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