Debo estar alerta. El mundo que me quieren vender no es el mundo que yo quiero.
Me venden miedo, inseguridad, separación, guerra y enemigos, explotación, defensa constante, prisa y evasión. Y yo no compro, pero tengo que estar alerta.
Cuando pienso en la poderosa herramienta que es internet, y en lo que podría llegar a ser.... si no fuese porque es usada, sobre todo, para vender. Y yo no compro de eso.
Me venden miedo en forma de noticias, miedo que no surge de hechos naturales sino de actos perfectamente medidos, fomentados por nuestros propios gobiernos.
Porque, dime tú quién, sino, monta la guerra. La guerra es el nomberguán del horror moderno, porque se lleva vidas por delante. Son muertes inútiles que generan un sufrimiento incalculable, y del que los gobiernos extraen suculentas rentas.
Por un lado, rentas reales en forma de contratos para reconstruir lo que anteriormente destruyeron. Así se cierra uno de los círculos perfectos. De la muerte y la destrucción generamos puestos de trabajo para empresas cercanas al gobierno. Miles y miles de millones para reforzar nuestras podridas democracias.
Por otro lado, rentas de poder, pues cuando generan este clima de enemigos por todas partes, ya tienen la excusa perfecta para seguir manteniendo la estructura de control y guerra. Y ellos apelan al miedo. Siempre hay algo muy malo, lejano y grande que justifica nuestra ira. Así podemos ir a Afganistán y soltar las bombas. Matamos a los malos, les imponemos la reconstrucción de su infraestructura, les robamos el petróleo y los diamantes, o lo que haya, les mandamos luego al FMI, y después de eso...... Desde luego, hay que tener tripas, ser inmune al asco existencial.
Y nosotros les seguimos votando.
Luego nos venden seguridad. Casas para ricos llenas de muros y sistemas anticacos. Perros atados a la puerta, de esos que siempre están ladrando. Qué bien que aprenden lo que les enseñamos.
Nos venden los seguros, los de vida y los de coches, los de casas, los de lluvia, los de partes del cuerpo. Seguro de vida es seguro de muerte.
Y siempre es el cuento de nunca acabar. Siempre hay un terrorista, un maltratador, un pederasta suelto, un asesino en serie, un ladrón de guante blanco, un drogadicto desesperado, un banco estafador (perdón por la reiteración, banco y estafador).
Según esta doctrina, debemos estar siempre a la defensiva, esperando lo peor del otro. Y empastillados para aguantar tanto estrés, tanta inseguridad y desesperación.
Y yo no compro.
Y no será porque no haya anuncios en las paredes, las teles y cines, internet, centros comerciales.
Acabo de ver un eslogan que habla de disfrutar comprando. De verdad que estamos desarrollando una capacidad infinita de aguantar este acoso, como si formara parte de la vida. Comprar y vender está pasando de ser una necesidad a un fin en sí mismo. Siempre comprando, siempre endeudados, siempre vasallos y avasallados.
Porque sé que todo eso es impuesto por un sistema manipulado por unos pocos. Eso sí, avalados por los votos. Siempre llego a los dichosos votos.
Mis amigos siempre terminan preguntando: entonces ¿cual es tu solución?
Solemos decir de alguien en quien confiamos que le damos un voto de confianza. Pero yo no confío en el sistema que tenemos, el democrático, el político. Entonces, lo primero es que no le doy mi voto. Mi voto tienes que ganártelo, majete.
A veces algo tiene que morir para que algo nazca. Esa es mi solución. Buscarle un nuevo sistema operativo a este ordenador.
O mejor, en vez de un ordenador, ¿por qué no regirnos por un cooperador?
Qué bien me suena. Desde este momento, declaro que cambiamos el viejo y gastado ordenador por el nuevo y flamante cooperador.
El dinero va a ser, desde este momento, un sistema de intercambio y no de opresión.
Nadie va a tener sueldo, pero sí herramientas para la gestión. Y si queremos o necesitamos un sueldo, para todo el mundo el mismo.
Nadie va a pasar hambre ni necesidades, porque todo lo vamos a compartir.
Y vamos a compartir el ingenio, vamos a premiar las buenas ideas que sirvan para vivir mejor con menos, o con lo necesario. Ideas gratis para el bien común.
Y vamos a olvidar el sistema capitalista y depredador, ya ha cumplido con creces su misión: traernos hasta aquí.
Venga, ya estáis tardando en decirme lo de siempre: que no vivo en el mundo, que estoy delirando, que esto no se puede, que para hacerlo es mejor que me meta en política o en algún movimiento....
Y sí, lleváis razón. Soy un soñador empedernido, y tengo mucha imaginación.
Tengo una imagen del mundo que quiero, uno en el que nadie abuse de nadie en ningún sentido, uno en el que nos organicemos sin necesidad de comprar toda esta basura que nos están vendiendo.
Me venden paja, y ya te digo, que de eso yo no compro.
Me venden miedo, inseguridad, separación, guerra y enemigos, explotación, defensa constante, prisa y evasión. Y yo no compro, pero tengo que estar alerta.
Cuando pienso en la poderosa herramienta que es internet, y en lo que podría llegar a ser.... si no fuese porque es usada, sobre todo, para vender. Y yo no compro de eso.
Me venden miedo en forma de noticias, miedo que no surge de hechos naturales sino de actos perfectamente medidos, fomentados por nuestros propios gobiernos.
Porque, dime tú quién, sino, monta la guerra. La guerra es el nomberguán del horror moderno, porque se lleva vidas por delante. Son muertes inútiles que generan un sufrimiento incalculable, y del que los gobiernos extraen suculentas rentas.
Por un lado, rentas reales en forma de contratos para reconstruir lo que anteriormente destruyeron. Así se cierra uno de los círculos perfectos. De la muerte y la destrucción generamos puestos de trabajo para empresas cercanas al gobierno. Miles y miles de millones para reforzar nuestras podridas democracias.
Por otro lado, rentas de poder, pues cuando generan este clima de enemigos por todas partes, ya tienen la excusa perfecta para seguir manteniendo la estructura de control y guerra. Y ellos apelan al miedo. Siempre hay algo muy malo, lejano y grande que justifica nuestra ira. Así podemos ir a Afganistán y soltar las bombas. Matamos a los malos, les imponemos la reconstrucción de su infraestructura, les robamos el petróleo y los diamantes, o lo que haya, les mandamos luego al FMI, y después de eso...... Desde luego, hay que tener tripas, ser inmune al asco existencial.
Y nosotros les seguimos votando.
Luego nos venden seguridad. Casas para ricos llenas de muros y sistemas anticacos. Perros atados a la puerta, de esos que siempre están ladrando. Qué bien que aprenden lo que les enseñamos.
Nos venden los seguros, los de vida y los de coches, los de casas, los de lluvia, los de partes del cuerpo. Seguro de vida es seguro de muerte.
Y siempre es el cuento de nunca acabar. Siempre hay un terrorista, un maltratador, un pederasta suelto, un asesino en serie, un ladrón de guante blanco, un drogadicto desesperado, un banco estafador (perdón por la reiteración, banco y estafador).
Según esta doctrina, debemos estar siempre a la defensiva, esperando lo peor del otro. Y empastillados para aguantar tanto estrés, tanta inseguridad y desesperación.
Y yo no compro.
Y no será porque no haya anuncios en las paredes, las teles y cines, internet, centros comerciales.
Acabo de ver un eslogan que habla de disfrutar comprando. De verdad que estamos desarrollando una capacidad infinita de aguantar este acoso, como si formara parte de la vida. Comprar y vender está pasando de ser una necesidad a un fin en sí mismo. Siempre comprando, siempre endeudados, siempre vasallos y avasallados.
Porque sé que todo eso es impuesto por un sistema manipulado por unos pocos. Eso sí, avalados por los votos. Siempre llego a los dichosos votos.
Mis amigos siempre terminan preguntando: entonces ¿cual es tu solución?
Solemos decir de alguien en quien confiamos que le damos un voto de confianza. Pero yo no confío en el sistema que tenemos, el democrático, el político. Entonces, lo primero es que no le doy mi voto. Mi voto tienes que ganártelo, majete.
A veces algo tiene que morir para que algo nazca. Esa es mi solución. Buscarle un nuevo sistema operativo a este ordenador.
O mejor, en vez de un ordenador, ¿por qué no regirnos por un cooperador?
Qué bien me suena. Desde este momento, declaro que cambiamos el viejo y gastado ordenador por el nuevo y flamante cooperador.
El dinero va a ser, desde este momento, un sistema de intercambio y no de opresión.
Nadie va a tener sueldo, pero sí herramientas para la gestión. Y si queremos o necesitamos un sueldo, para todo el mundo el mismo.
Nadie va a pasar hambre ni necesidades, porque todo lo vamos a compartir.
Y vamos a compartir el ingenio, vamos a premiar las buenas ideas que sirvan para vivir mejor con menos, o con lo necesario. Ideas gratis para el bien común.
Y vamos a olvidar el sistema capitalista y depredador, ya ha cumplido con creces su misión: traernos hasta aquí.
Venga, ya estáis tardando en decirme lo de siempre: que no vivo en el mundo, que estoy delirando, que esto no se puede, que para hacerlo es mejor que me meta en política o en algún movimiento....
Y sí, lleváis razón. Soy un soñador empedernido, y tengo mucha imaginación.
Tengo una imagen del mundo que quiero, uno en el que nadie abuse de nadie en ningún sentido, uno en el que nos organicemos sin necesidad de comprar toda esta basura que nos están vendiendo.
Me venden paja, y ya te digo, que de eso yo no compro.
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