Hola, me llamo Jacobo y hasta hace seis meses era el hombre más feliz del mundo.
Siempre estuve en el negocio de los carburantes, gané mucho dinero, viví como un rey y me casé con el premio gordo, experta en arte.
Después de la boda, su padre nos regaló esta mansión, donde vivimos una vida que no es de este mundo.
Todo iba rodado, suave como la senda, pero ayer apareció en escena y se instaló justo, justo a dos metros de la entrada de nuestra casa.
Ropa vieja y rota, barba blanca y negra, desaliñada, hedor corporal notable, una caja grande de cartón, dos mantas y una sombrilla rota.
Me acerqué para aconsejarle, de forma civilizada, que cambiase su residencia, pero sacó un móvil, consultó algo, me miró y dijo que nanay de la china, que estaba en su derecho.
Y llevaba razón. Pero yo era el rico, y él, un mierda.
Llamé a mi abogado y le pedí que elaborase un plan de desalojo, el cual estuvo listo en dos días. Y fue la policía y todo, pero a la hora de aplicar la justicia del rico, el pobre saca el móvil, consulta, y con la ley en la mano reta al policía, que abrumado por lo obvio tiene que marcharse con las manos vacías.
A mi mujer parece hacerle mucha gracia todo este asunto. Se ríe abiertamente de mis comentarios y de los esfuerzos que hago para quitarme a ese tipo de encima. En consecuencia, yo me cabreo.
Esta mañana ha estado especialmente activo, pues está dando forma a varios elementos que se ha traído de la basura, consiguiendo algo que alguna gente no tendrá inconveniente en llamar arte.
Yo quiero pegarle fuego. Con orden, primero él y después el arte. Y sanseacabó.
Hoy se le acercó mi mujer y estuvieron hablando un rato. Vi como ella le daba dinero.
A la mañana siguiente, su espacio estaba lleno de objetos varios, basuras, plásticos, botellas, alambres, una maleta, periódicos, perchas... Yo no daba crédito y cada día estaba más cabreado.
Mi abogado me da malas noticias. Mi mujer está cada día más contenta. El pobre está bien vestido, mi mujer le ha pagado un traje nuevo. El pobre parece un rico despistado entre sus pertenencias. Es el colmo, tengo que hablar con mi señora. Pero ella está muy ocupada consiguiéndole al pobre, que eso es lo que es, una exposición de arte póvera que le lanzará al estrellado cielo de los verdaderos artistas.
Es también el momento que ella elige para pedir el divorcio, irse a vivir con el artista y dejar caer suavemente a su marido.
¡Por el amor de dios! ¿Qué hacen aquí estas facturas?
Siempre estuve en el negocio de los carburantes, gané mucho dinero, viví como un rey y me casé con el premio gordo, experta en arte.
Después de la boda, su padre nos regaló esta mansión, donde vivimos una vida que no es de este mundo.
Todo iba rodado, suave como la senda, pero ayer apareció en escena y se instaló justo, justo a dos metros de la entrada de nuestra casa.
Ropa vieja y rota, barba blanca y negra, desaliñada, hedor corporal notable, una caja grande de cartón, dos mantas y una sombrilla rota.
Me acerqué para aconsejarle, de forma civilizada, que cambiase su residencia, pero sacó un móvil, consultó algo, me miró y dijo que nanay de la china, que estaba en su derecho.
Y llevaba razón. Pero yo era el rico, y él, un mierda.
Llamé a mi abogado y le pedí que elaborase un plan de desalojo, el cual estuvo listo en dos días. Y fue la policía y todo, pero a la hora de aplicar la justicia del rico, el pobre saca el móvil, consulta, y con la ley en la mano reta al policía, que abrumado por lo obvio tiene que marcharse con las manos vacías.
A mi mujer parece hacerle mucha gracia todo este asunto. Se ríe abiertamente de mis comentarios y de los esfuerzos que hago para quitarme a ese tipo de encima. En consecuencia, yo me cabreo.
Esta mañana ha estado especialmente activo, pues está dando forma a varios elementos que se ha traído de la basura, consiguiendo algo que alguna gente no tendrá inconveniente en llamar arte.
Yo quiero pegarle fuego. Con orden, primero él y después el arte. Y sanseacabó.
Hoy se le acercó mi mujer y estuvieron hablando un rato. Vi como ella le daba dinero.
A la mañana siguiente, su espacio estaba lleno de objetos varios, basuras, plásticos, botellas, alambres, una maleta, periódicos, perchas... Yo no daba crédito y cada día estaba más cabreado.
Mi abogado me da malas noticias. Mi mujer está cada día más contenta. El pobre está bien vestido, mi mujer le ha pagado un traje nuevo. El pobre parece un rico despistado entre sus pertenencias. Es el colmo, tengo que hablar con mi señora. Pero ella está muy ocupada consiguiéndole al pobre, que eso es lo que es, una exposición de arte póvera que le lanzará al estrellado cielo de los verdaderos artistas.
Es también el momento que ella elige para pedir el divorcio, irse a vivir con el artista y dejar caer suavemente a su marido.
¡Por el amor de dios! ¿Qué hacen aquí estas facturas?

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