De entre todos, aquel Peón sobresalía entre todos los demás por su insaciable curiosidad.
Tuvo mucha suerte, pues por cuestiones tácticas, hubo de pasar mucho tiempo al lado del Alfil místico. Le asediada con sus preguntas y disfrutaba con las explicaciones que, de manera tan sencilla y amena, le daba su eventual maestro.
- ¿Quiénes somos?
-piezas de Ajedrez.
- ¿De dónde venimos?
- De otra partida.
-Entonces, al morir...
-Vamos a otra partida.
- ¿Existen realmente los dioses?
- Sí, son dos, y moran uno frente al otro.
-Pero, nadie los ha visto...
-Yo los he visto.
- ¿de veras? ¿Y cómo son?
- inmensos. Indescriptibles y misteriosos.
- Pero yo no los veo...
- lleva toda una vida aprender a hacerlo.
- ¿yo podría...?
- ¿tú querrías?
- yo..., no sé.
- bueno, joven, ya está bien por hoy; voy a meditar un rato.
- adiós, maestro.
- no, mi joven amigo, tú eres el maestro.
De entre todas la piezas de aquel ajedrez, el joven Peón era el único que sentía dentro de sí la llama, la llamada salvaje del conocimiento.
Tuvo mucha suerte, pues por cuestiones tácticas, hubo de pasar mucho tiempo al lado del Alfil místico. Le asediada con sus preguntas y disfrutaba con las explicaciones que, de manera tan sencilla y amena, le daba su eventual maestro.
- ¿Quiénes somos?
-piezas de Ajedrez.
- ¿De dónde venimos?
- De otra partida.
-Entonces, al morir...
-Vamos a otra partida.
- ¿Existen realmente los dioses?
- Sí, son dos, y moran uno frente al otro.
-Pero, nadie los ha visto...
-Yo los he visto.
- ¿de veras? ¿Y cómo son?
- inmensos. Indescriptibles y misteriosos.
- Pero yo no los veo...
- lleva toda una vida aprender a hacerlo.
- ¿yo podría...?
- ¿tú querrías?
- yo..., no sé.
- bueno, joven, ya está bien por hoy; voy a meditar un rato.
- adiós, maestro.
- no, mi joven amigo, tú eres el maestro.
De entre todas la piezas de aquel ajedrez, el joven Peón era el único que sentía dentro de sí la llama, la llamada salvaje del conocimiento.

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