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domingo, 21 de mayo de 2017

TODO SOBRE LOS RELATINES, EL VERDADERO NOMBRE DE LOS MICRORRELATOS

Holamigos, y atentos que empiezo a disparar.

Lo primero que me viene a la cabeza es, ¿Para qué escribir relatines? ¿Quien necesita más relatines? ¿Sirven para algo los relatines? ¿Todo el mundo puede escribir relatines? ¿De donde salen los relatines? ¿Qué tiene un relatín que no tenga un novelón?
Bueno, vayamos poco a poco. 
Te hablaré de mi experiencia. 
Empecé a escribir relatines por un impulso. Las ganas me vinieron así, como sin darme cuenta.Todo empezó cuando cambié de móvil; el viejo ya era muy viejo, de más de dos años, y tenía la pantalla muy chiquitita, por lo que ni se me hubiese ocurrido usarlo para escribir. Al cambiarlo, las cosas cambiaron. También influyeron algunos episodios dramáticos de mi ámbito personal.
Los primeros relatines llegaron como simples ocurrencias, pequeñas ideas anecdóticas, algunos juegos de palabras. Están escritos como los pienso, casi nunca los repaso a fondo, tan sólo modifico las palabras o frases que me cantan demasiado cuando los releo. Y un dato para curiosos. El primer microrrelato que recuerdo haber leído fue, sí, lo has adivinado, el del famoso dinosaurio. Pero fíjate tú, que hasta hace muy poco tiempo, un año o así, no tenía ni idea de que fuese tan famoso. Es que vivo en un limbo personal muy curioso, en el que me entero de las cosas a mi manera, sin tener en cuenta lo que ocurre realmente en el mundo en el que me muevo.
Y desde entonces, ya no puedo mirar impunemente al mundo sin descubrir relatines a cada paso.
¿Para qué los escribo? No lo sé. Quizás me sirven para expresar algo, como hace el fotógrafo, captando un instante de entre todos los demás, resaltando una ínfima parte de la realidad que me rodea. Quizás ahora, cuando la gente los lea, vean esa instantánea y les mueva algo. Lo dejo en incógnita.
No pensaba publicarlos. Aún hoy lo hago como si sólamente los fuese a leer un amigo cercano. Es lo que ocurre, en realidad.
Hace ya tiempo que dejé de leer la prensa, y mucho más tiempo que no veo la tele. Puede ser que la falta de esos estímulos, antes diarios, me haya llevado a abrir esta otra puerta.
¿Quien los necesita? Buena pregunta. Yo mismo estoy saturado de leer, de ver películas ajenas. Así que no espero que nadie lea los míos, a no ser que estés en ese momento preciso en que te apetece leer. Con el agravante de que no escribo especialmente bien. Lo sé porque cuando leo buenos relatines, se me cae la baba y me pregunto si no me da un poco de vergüenza. Pues no, no me da, aunque debiera.
Me falta estilo, me falta vocabulario, las ideas no son tampoco como para tirar cohetes, ahí está la hemeroteca de internet para darme cuenta de que todo está lleno de gente muy creativa.
Y me amparo en que, al tener este toque simple y sencillo, puede que conecte también con gente que no tenga pretensiones y que centre su interén en lo que hay detrás de las palabras, lo que estoy contando. 
Mi escritura tiene poco artificio, palabras cotidianas, estructuras gramaticales erróneas, tiempos verbales equivocados, frases cortas. No doy más. 
La filosofía que subyace es: todos podemos escribir nuestros propios relatines. Eso es. Aunque otros por ahí nos den cien vueltas.
¿Sirven para algo? Como todo lo demás, depende tanto de la propuesta como del interés del receptor. Si una sola palabra puede despertar un mundo de sensaciones, cien palabras también lo pueden lograr.
Con la ventaja de que si al acabar de leer no conectas, pues tan sólo te ha llevado un minuto. Cosa diferente si acabas un novelón y te decepciona. 
¿Que de donde salen los relatines? De mirar el mundo con intención de encontrarlos. Como encontrar setas. Chimpún. Y, como setas, los encuentro por todos lados. La gente los lleva colgando de la mirada, de su historia personal, de sus dolores y amores, vejeces y separaciones, de sus problemas. 
Y tranquilo, que si los buscas no te van a faltar. Hay de sobra para todos y para los restos. Cuantos más escribes, más descubres.
¿Qué tiene un relatín que no tenga un novelón? El relatín es una semilla y el novelón ya es un árbol. En mi escala de valores cuentan lo mismo. Un buen relatín equivale a un buen novelón.
Dios mío, esto se está extendiendo demasiado.
Pero no quiero despedirme sin decir que me encanta la sensación de descubrir un nuevo relatín cuando menos me lo espero. ¡¡Qué gustazo!!
Hasta otra, amigos relatineros.



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