Dicen que si eres capaz de preguntarte si estás loco, eso, por sí mismo, es signo de que no lo estás. Y yo estoy de acuerdo. No tengo ninguna duda de que esto es así. Yo, por ejemplo, me estoy preguntando ahora mismo si no estaré loco. E inmediatamente obtengo la prueba de mi no locura.
Esto mismo lo voy haciendo de vez en cuando, y hasta ahora siempre, siempre he obtenido la misma, la ya clásica respuesta negativa, la verdadera prueba de que la locura, que en otros es obvia, en mí aún no se ha manifestado.
Lo digo con modestia, y también con asombro, pues dada la reiterativa convergencia de autocriterios que formalmente me inflijo en aras de la estabilidad a la hora de fijar una pauta que me aleje de la sospecha de ser poseído por una brizna de falta de cordura, no sería de extrañar que, antes o después, surgiera de dentro de mí alguna minúscula fibra enfermiza que aflorase quedamente de algún recóndito lugar del fondo de mi psique producièndome alguna pequeña apertura por donde se cuele esa sombra de locura que tanto trato de evitar.
Con éxito, hasta ahora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario