El camarero me está hablando, me pregunta algo que no entiendo. Dice algo sobre una caña. Yo me la imagino entre otras muchas, ondeando por la fuerza del viento. Las recuerdo, de cuando era niño y vivía en el pueblo. Siempre íbamos a bañarnos a aquella balsa de riego, con el fondo lleno de cieno. Las cañas mirando al cielo. El camarero me sigue mirando. Me dice no sé qué. Me lo quedo mirando, a lo mejor podemos hablar sin palabras. Siento el silencio dentro de mis labios. La boca es el prefacio, la fábrica de palabras que imprime la sustancia sònica de mi sentimiento. Me siento raro. El hombre está quieto, como mi mente. Lleva siglos preguntando en un idioma que ya no existe y que yo no entiendo. No sé por qué, pero creo que estoy fuera de sitio y la gente se está difuminando. Algo dice algo. De todos los sonidos sólo distingo uno que suena como... Amigo. O ameba. Si, seguro que es ameba. Sí, sí, ameba. Ameba. Siento como me abro y me cierro, aameebaa, lentamente, me abro y me cierro, aaammeeebba, lentamente, me abro y me cierro, aaaammmmeeeebbbbaaaa.......................leeeennnttttaaaammmmeeeeennnnnnnttttttttteeeeeeeeeeee..............

No hay comentarios:
Publicar un comentario