Tenía el hombre más años que un bancal.
Y era en su bancal, en las afueras del pueblo, donde iba cada día para arreglar los olivos, regar las patatas, recoger alguna fruta y, de paso, inyectar un poco de savia en sus venas. Hace ya más de un año que no puede, ni siquiera, llegar en bicicleta, así que hace andando todo el camino.
Y la tierra, desde hace un tiempo, ya no lucen el orden y la limpieza que se exigía.
Sólo hay que echar un vistazo a la acequia, antes siempre limpia de hierbajos y barro, ahora apenas deja pasar el agua.
Aquel día se encontraba muy cansado. La azada pesaba demasiado y sus piernas no le seguían. El agua se desbordó rompiendo la vieja acequia, y nuestro viejo cayó todo lo largo que era.
La tromba en las venas. El viejo exhaló su vida y quedó sembrada en la tierra.
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