Mi sicólogo dice que estoy haciendo grandes progresos. Descomunales. Nadie lo hubiera dicho hace unos años.
Ahora empiezo a verme cómo soy realmente, cosa que antes nunca acepté. Ahora puedo ver que soy un tipo vulgar, inane y pusilánime, tirando a mediocre. Ahora puedo mirarme en el espejo y ver que la persona que tengo enfrente deja mucho que desear.
No soy especialmente inteligente, ni siquiera soy feliz. Infeliz tampoco, más bien una cosa intermedia, ni fu ni fa. Esto lo digo sin saber, es lo que me dice mi sicólogo.
Y luego están las pastillas, que parece que no, pero ayudan un montón. Así voy tirando.
Y tengo que aprovechar, que los cuatro años del puesto se acaban pronto.
Menos mal que yo nunca tengo que decidir, para eso tengo un montón de asesores, todos muy profesionales y bien pagados.
Ahora mismo, por ejemplo, una docena de ellos me tienen que decir si aprieto o no aprieto el botón.
Algunos llevan uniformes.
Yo solo pongo el dedo.
Ahora empiezo a verme cómo soy realmente, cosa que antes nunca acepté. Ahora puedo ver que soy un tipo vulgar, inane y pusilánime, tirando a mediocre. Ahora puedo mirarme en el espejo y ver que la persona que tengo enfrente deja mucho que desear.
No soy especialmente inteligente, ni siquiera soy feliz. Infeliz tampoco, más bien una cosa intermedia, ni fu ni fa. Esto lo digo sin saber, es lo que me dice mi sicólogo.
Y luego están las pastillas, que parece que no, pero ayudan un montón. Así voy tirando.
Y tengo que aprovechar, que los cuatro años del puesto se acaban pronto.
Menos mal que yo nunca tengo que decidir, para eso tengo un montón de asesores, todos muy profesionales y bien pagados.
Ahora mismo, por ejemplo, una docena de ellos me tienen que decir si aprieto o no aprieto el botón.
Algunos llevan uniformes.
Yo solo pongo el dedo.

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