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martes, 23 de mayo de 2017

PERFECTA LOCURA

A ti te lo puedo contar, sé que eres discreto, y no quiero hacer de este asunto algo de lo que alardear. 
Estoy buscando, de forma metódica, llegar al ansiado estado de perfecta locura. 
Tengo mis razones, por supuesto. La principal es que estoy terriblemente decepcionado con la realidad. 
No me malinterpretes, nada tengo contra ella. Sólo que me resulta en extremo simple, sosa, falta de sustancia. Piensa en el orden. No encontrarás despropósito más escandaloso. 
Tienes la orgía del caos, con su infinita variedad de formas, de movimientos, de colores y significados. Pero los pones en orden y se quedan estàticos, sólo para que puedas encontrar una cosa entre billones. 
La definición, qué pérdida de tiempo, qué inutilidad. Por culpa de una certeza, condenas un sinfín de infinitos a la tragedia de lo quieto. 
Pero no voy a aburrirte, estate tranquilo. Además, no tengo tiempo. 
Para llegar a la perfecta locura, la que me dará una vida plena, sin lugar ni tiempo, vertiginosa, delirante y múltiple, he de sentir un sentimiento que nadie ha sentido. 
Desde que comencé mi ardua tarea he probado lo que nadie ha querido, he mezclado las arañas con el centeno, el hambre con balas del cuarenta y cinco, los celos con el cocido madrileño, los pájaros con la vesícula, el nitrato con el cencerro, la silueta con el vasallo, la viruela con el cobre, la sandía con el testaferro... 
Lo tengo todo anotado, bien clasificado, rigurosamente ordenado, perfectamente concertado, estrictamente organizado, sabiamente colocado, lógicamente distribuido... para que muera el orden.

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