Conozco a Orson Welles, vive en mi pueblo.
La gente le ve y piensa que lograr ese cuerpo resulta fácil. Nada más lejos de la realidad. Es un trabajo de chinos que exige fuerza de voluntad, pequeños contratos diarios entre lo que come y la obsesión por obviar el ejercicio.
En su casa tiene un trono, que ocupa al mismo llegar del trabajo. La mesa puesta, aperitivo de todo lo que se le viene encima, la tele puesta llena de noticias y, de postre, un ictus que le devuelve la esperanza de recuperar el verdadero sentido de su vida.
Orson Welles ahora es otro, mejor actor, mucho más delgado.
Ha encontrado el tono, ha madurado.
Y ya no busca el Óscar, con vivir en el presente tiene de sobra.
La gente le ve y piensa que lograr ese cuerpo resulta fácil. Nada más lejos de la realidad. Es un trabajo de chinos que exige fuerza de voluntad, pequeños contratos diarios entre lo que come y la obsesión por obviar el ejercicio.
En su casa tiene un trono, que ocupa al mismo llegar del trabajo. La mesa puesta, aperitivo de todo lo que se le viene encima, la tele puesta llena de noticias y, de postre, un ictus que le devuelve la esperanza de recuperar el verdadero sentido de su vida.
Orson Welles ahora es otro, mejor actor, mucho más delgado.
Ha encontrado el tono, ha madurado.
Y ya no busca el Óscar, con vivir en el presente tiene de sobra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario