Hace años, cuando me mudé de casa, solía verlos juntos, andando en silencio, cogidos de la mano.
Imaginé sus vidas a partir de esos instantes, siempre juntos y suaves, la mirada serena de los amantes.
El paso decidido de mutuo acuerdo, recuerdos compartidos que parten hacia un desconocido futuro imperfecto que afrontan juntos.
Ha pasado el tiempo, más de diez años, y aunque el recorrido es el mismo ahora van más despacio.
Ella está perdiendo el brillo de su mirada, y a veces el equilibrio.
Él ya sabe cómo acabará este cuento, aunque no sabe cuándo.
Desde hace un par de meses le veo solo, la mitad de un todo que se está desmoronando.
Me cuesta reconocerlo así, sin su fabuloso complemento.
En vez de ella, ahora se acompaña de una bolsita de la farmacia.
Al verlo adentrarse por las callejuelas, me asalta la imagen viva de sus manos unidas.
Imaginé sus vidas a partir de esos instantes, siempre juntos y suaves, la mirada serena de los amantes.
El paso decidido de mutuo acuerdo, recuerdos compartidos que parten hacia un desconocido futuro imperfecto que afrontan juntos.
Ha pasado el tiempo, más de diez años, y aunque el recorrido es el mismo ahora van más despacio.
Ella está perdiendo el brillo de su mirada, y a veces el equilibrio.
Él ya sabe cómo acabará este cuento, aunque no sabe cuándo.
Desde hace un par de meses le veo solo, la mitad de un todo que se está desmoronando.
Me cuesta reconocerlo así, sin su fabuloso complemento.
En vez de ella, ahora se acompaña de una bolsita de la farmacia.
Al verlo adentrarse por las callejuelas, me asalta la imagen viva de sus manos unidas.

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