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miércoles, 11 de octubre de 2017

LA CHICA EVAPORADA


Hola, ¿me puedo sentar contigo? 
Sí, claro. 
No te he visto mucho por aquí.
La verdad es que apenas salgo. 
¿Cómo te llamas? 
Pedro. 
Hola, Pedro, yo soy Charo. 
Encantado. 
¿Esperas a alguien? 
No, estoy sólo. 
Yo también.

Silencio. 

No eres muy hablador. 
¿Quieres hablar de algo? 
Vivo aquí cerca. ¿Te gusta el cine? 
Psssi... Me gusta más escuchar música, ir a conciertos. 
Si quieres nos acercamos un ratito a mi casa. Te invito a un té... Y a escuchar algo de música. Ummm, no sé... 
Venga, solo será un ratito. 
Es que... 
Vamos, que no me como a nadie. 
Bueno, vale.

El piso es pequeño y cuco.

Aquí es, ya hemos llegado. Si quieres ve poniendo la música que más te guste, que yo voy haciendo el tecito. 

El chico está expectante, la situación es, cuando menos, curiosa. Sabe que se lo están ligando.

¿Me puedo sentar contigo? 
Vale.

 Hablan de cualquier cosa. La música llena algunos silencios. 

¿Te puedo coger la mano?
Vale. 

 Ahora ya está la cosa más clara. Ella ha resultado ser toda una experta en el arte del enredo, esa es la sensación que tengo, piensa el chico. 

¿Te puedo dar un beso? 
Vale.

La red, antes extendida, está cerrándose por los extremos. 
Del sofá a la cama sólo hay un pequeño paso. Y ella, ávida de vida, le aprieta fuertemente la cabeza contra su sexo. Cuando despiertan de ese sueño despierto, el agua del té ya se ha evaporado. Le pide que, por favor, la deje sola. El chico se va, descolocado. 
Y ella, ella pasa el resto de la noche evaporándose.

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