Manuel es profesor de secundaria. Le gusta la poesía y quiere crear un grupo informal para reunirse de vez en cuando y hablar de literatura.
Siempre le veo andando solo, calle arriba, calle abajo, callado y con tanta prisa.
Se fija en todo, como si fuese leyendo en las paredes, en las aceras, la historia que para sí quisiera.
Pero la historia es tozuda y pasan los años. Las mismas calles, la misma prisa e igual búsqueda apresurada y ciega. Descansa de vez en cuando, de cuando en vez en las barras de los bares, donde a veces encuentra vestigios de un guion deshilachado, siempre después de la cuarta cerveza. Entonces aviva el gesto y se queda pensando en cómo hilvanar los retales. Vano intento.
Las pistas desaparecen como por ensalmo justo antes de llegar a casa. Su mujer ni le mira. Tanto se ausenta el marido que no siente la diferencia. Y los hijos... Vamos a hablar de otra cosa.
Y ahora que llega el cansancio de los años, sospecha que las palabras que busca no está en la calle, ni en la biblioteca. Ni tan siquiera en los bares, golosa hemeroteca.
Esta noche soñará con el texto que le dice, de forma certera, su ansia.
Es un mensaje pequeño, que llega escrito en un telegrama.
Dice: ama.
Siempre le veo andando solo, calle arriba, calle abajo, callado y con tanta prisa.
Se fija en todo, como si fuese leyendo en las paredes, en las aceras, la historia que para sí quisiera.
Pero la historia es tozuda y pasan los años. Las mismas calles, la misma prisa e igual búsqueda apresurada y ciega. Descansa de vez en cuando, de cuando en vez en las barras de los bares, donde a veces encuentra vestigios de un guion deshilachado, siempre después de la cuarta cerveza. Entonces aviva el gesto y se queda pensando en cómo hilvanar los retales. Vano intento.
Las pistas desaparecen como por ensalmo justo antes de llegar a casa. Su mujer ni le mira. Tanto se ausenta el marido que no siente la diferencia. Y los hijos... Vamos a hablar de otra cosa.
Y ahora que llega el cansancio de los años, sospecha que las palabras que busca no está en la calle, ni en la biblioteca. Ni tan siquiera en los bares, golosa hemeroteca.
Esta noche soñará con el texto que le dice, de forma certera, su ansia.
Es un mensaje pequeño, que llega escrito en un telegrama.
Dice: ama.

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