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domingo, 8 de octubre de 2017

LA FIESTA NACIONAL

La plaza está a rebosar, y en las gradas no cabe ni un alfiler. 
A las siete en punto empezará el espectáculo. 
Y mientras tanto, los toreros esperan en el patio de cuadrillas. 
No hay allí ni un solo gesto que denote preocupación, nerviosismo o miedo. 
Sale el primer toro bajo el sol de atardecer y recorre la plaza buscando el objetivo. Y lo encuentra plantado a media distancia, desplegando con parsimonia su capa amarilla y roja. 
Y entonces sucede lo extraordinario. El toro realiza un extraño movimiento antes de caer al suelo y ya no se levanta. 
En seguida llegan los expertos informáticos con un programa de recuperación, pero no dan con el problema. La corrida tiene que ser suspendida y el toro mecánico, retirado. 
La plaza es desalojada. 
Los robots salen despacio, rigurosamente ordenados, en perfecta sincronización.

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