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domingo, 8 de octubre de 2017

LOS POSOS DEL CAFÉ

Aún no ha perdido la esperanza, por eso viene todos los días a la cafetería, y mientras toma su sólo largo con parsimonia, barre el espacio con sus ojos gastados. 
A veces sucede que llega alguien y se sienta en una mesa colindante. Y ese alguien también la mira de manera furtiva. 
Una vez casi estuvo a punto de suceder, pero al final el hombretón se fue. 
Siempre se van. 
Y así un día con otro, acariciando la idea de que este desastre de vida no vaya a peor. 
Ella tan larga y sola como su sólo largo. 
Cuantas horas muertas hoy estarían vivas si hubiese sabido leer en los posos del café.

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