Aún no ha perdido la esperanza, por eso viene todos los días a la cafetería, y mientras toma su sólo largo con parsimonia, barre el espacio con sus ojos gastados.
A veces sucede que llega alguien y se sienta en una mesa colindante. Y ese alguien también la mira de manera furtiva.
Una vez casi estuvo a punto de suceder, pero al final el hombretón se fue.
Siempre se van.
Y así un día con otro, acariciando la idea de que este desastre de vida no vaya a peor.
Ella tan larga y sola como su sólo largo.
Cuantas horas muertas hoy estarían vivas si hubiese sabido leer en los posos del café.
A veces sucede que llega alguien y se sienta en una mesa colindante. Y ese alguien también la mira de manera furtiva.
Una vez casi estuvo a punto de suceder, pero al final el hombretón se fue.
Siempre se van.
Y así un día con otro, acariciando la idea de que este desastre de vida no vaya a peor.
Ella tan larga y sola como su sólo largo.
Cuantas horas muertas hoy estarían vivas si hubiese sabido leer en los posos del café.

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