No me puedo quejar. Con lo que cuesta los zapatos que llevo puestos vive un año una familia de mexicanos. Y el traje ni te cuento.
Viajo por todo el mundo y en cada lugar que piso tengo gente que me facilita la vida de formas que ni te imaginas. Gano un sueldo de escándalo, mis deseos son inmediatamente satisfechos, siempre que use un mínimo de discreción, qué menos.
Para trabajar en esto recibí la ayuda de grandes profesionales, sobre todo de tipo sicológico, pues desde que era jovencito tuve problemas con el alcohol y las drogas. Y con el sexo. Bueno, era adicto a todo lo que pudiese ser adherido.
Pero como les cuento, todo esto quedó atrás.
Y más me vale no recaer, porque si no, puedo perder mi trabajo.
Y lo mejor de todo, no necesité estudios. Mi padre se encargó de todo. Una cuestión de dinero, de posición.
De mi trabajo, ahora les cuento. Se trata de algo muy sencillo. Digo lo que me dicen que diga, firmo lo que me dicen que firme. O sea, que no tengo miedo a equivocarme.
Por cierto, que el año que viene ya me retiro, se me cumplen los ocho años de contrato, y no son prorrogables.
Justo dentro de un momento he de ir a una reunión. Parece que está la cosa tensa y hay que tomar una decisión.
Mis asesores, los del traje, se han retirado y ahora he quedado con los de uniforme.
Parece que hay que apretar el botón.
En fin, ellos sabrán lo que hacen.
Viajo por todo el mundo y en cada lugar que piso tengo gente que me facilita la vida de formas que ni te imaginas. Gano un sueldo de escándalo, mis deseos son inmediatamente satisfechos, siempre que use un mínimo de discreción, qué menos.
Para trabajar en esto recibí la ayuda de grandes profesionales, sobre todo de tipo sicológico, pues desde que era jovencito tuve problemas con el alcohol y las drogas. Y con el sexo. Bueno, era adicto a todo lo que pudiese ser adherido.
Pero como les cuento, todo esto quedó atrás.
Y más me vale no recaer, porque si no, puedo perder mi trabajo.
Y lo mejor de todo, no necesité estudios. Mi padre se encargó de todo. Una cuestión de dinero, de posición.
De mi trabajo, ahora les cuento. Se trata de algo muy sencillo. Digo lo que me dicen que diga, firmo lo que me dicen que firme. O sea, que no tengo miedo a equivocarme.
Por cierto, que el año que viene ya me retiro, se me cumplen los ocho años de contrato, y no son prorrogables.
Justo dentro de un momento he de ir a una reunión. Parece que está la cosa tensa y hay que tomar una decisión.
Mis asesores, los del traje, se han retirado y ahora he quedado con los de uniforme.
Parece que hay que apretar el botón.
En fin, ellos sabrán lo que hacen.

No hay comentarios:
Publicar un comentario