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martes, 17 de octubre de 2017

EL ABOGADO

Estudiaba para abogado. 
Desde que le conocí, hace ya muchos años, siempre le faltaban dos para terminar y montar el despacho. 
Pero había que comer, nadie abogaba por él y el despacho se le resistía. 
El bar que montó iba como la seda y ganó dinero, que fue metiendo en los agujeros sin fondo de su nariz. Sin fondos se fue quedando también la cuenta del banco. 
Y la cabeza en blanco. 
El bar se quedaba sin riñón y el abogado, sin hígado.
Al mismo tiempo, como en un entrelazamiento cuántico, los dos proveedores dejaron de suministrarle. 
El efecto fue demoledor, el bar se le vino abajo, y ya sin su armadura, él también se derrumbó. Misterios de la física; cómo desapareció todo su mundo por un sitio tan pequeño.

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