SIN REMEDIO
La muerte llamó a mi puerta. Yo me asomé, la vi y, muerto de miedo, me fui huyendo escaleras arriba.
Abrí una ventana para escapar, pero resbalé. Caí golpeándome la cabeza contra el duro suelo y morí.
La muerte se acercó chasqueando la lengua, me dio la mano y la seguí.
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