Cuando me trajeron por
primera vez al zoo casi no pude soportar el opresivo horror que allí se vivía,
mezcla de podredumbre y tristeza.
Cuando observo a través
de las rejas, siento cómo se me rompe el alma.
Aunque lo peor es ver
esos ojos de vacía felicidad con los que me mira toda esa gente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario