Sus ojos se encontraron
en mitad del deseo, sus carnes temblaron y, finalmente se fundieron en un
abrazo sin tiempo.
El amor se mezcló con
sudor hasta que olvidaron sus nombres y hasta su origen.
Cuando se abrazaron en
la ducha, de vuelta a esta otra realidad se dieron cuenta, a la vez, que tener
más de setenta años no era ningún problema.
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