Fue como una sensación indefinida,
pero inequívoca, de que mi vida, tal y como la conocía, estaba llegando a su
fin. En
un primer momento quise negar la evidencia, sentí de lleno el miedo a lo
desconocido. Y entonces, suavemente, sentí que
llegó la hora.
Cerré
los ojos y me preparé para nacer.
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