Por la cabeza me pasaban esas imágenes de ácaros y microorganismos que salen en los anuncios de lejía que pasan por la tele.
Eso no me impedía apreciar la depurada técnica con la que procedía a recortarse las uñas, usando sus dientes como instrumento de precisión.
Sobre todo cuando terminaba con las de las manos y se abalanzaba sobre sus pies.

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