
Aquella inesperada niebla dejó el tablero en penumbra. Yo no supe interpretar ese fatídico suceso. De repente allí estaba el caballo negro, preparando un jaque. Miré a mi dama, pero ella estaba como ausente, aparentemente distraída. Instintivamente me toqué la corona y caí al suelo inconsciente. Cuando volví en mí ya se había ido la niebla, y también la Reina con el Caballo. Y yo me encontraba solo y convertido en peón.
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