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lunes, 5 de junio de 2017

UNA YEGÜA

Se apartó del grupo guiada por su propio silencio. 
Todo estaba lleno de espacio, de hierba y del murmullo de los caballos paciendo. 
Quiso revolcarse y se tiró al suelo, oliendo el fresco rocío de la mañana. 
Los caballos se fueron acercando mientras ella bufaba con la boca manchada de tierra. 
Se levantó de un salto y salió corriendo, haciendo cabriolas enloquecidas. 
Y los demás caballos la siguieron. 
Sus compañeros la estuvieron buscando, pero sólo encontraron la mochila.

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