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viernes, 16 de junio de 2017

MENDIGO

Deme alguna moneda, señora, que la quiero para vino. 
Comer no es necesario ahora, que el dolor me devora y la comida no sirve a mi desatino. 
Sólo el vino me comprende, que la gente se desplaza delante de mí sin verme. 
El vino vino en mi busca en el momento oportuno, sustituyendo a la sangre que derramo.
Es un consuelo beberlo mientras mi sangre se esconde de mí, huyendo a otros sangrientos pesares. 
No quiero pan, se lo agradezco, que no es el hambre lo que merezco cuando la herida es tan grande. 
Que no es pan, sino vino, señora, lo que yo quiero.

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