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miércoles, 14 de junio de 2017

EL CUADRO

Coloca el caballete cerca de la ventana, acerca los pinceles y los colores. Luego cierra los ojos y aleja los pensamientos. Ve pasar imágenes fugaces, siente brisas en el cuerpo, leves toques, una brizna de recuerdo, su nacimiento... 
Respiración. 
El pincel elige mano. El tiempo busca su espacio. Los ojos desaparecen. Desaparece el deseo. Respiración. 
Y entonces se despiertan otros canales, para los que ya no hay nombres ni referencias. Respiración. 
Se conectan las fibras, el sentimiento vibra en su máxima frecuencia y el cuerpo ya no existe. Respiración. 
Ya ha llegado, lo tiene enfrente, es un milagro reducido a forma y color. Ese es el cuadro. Respiración. 
Su nacimiento, una brizna de recuerdo, leves toques, siente brisas en el cuerpo, ve pasar imágenes fugaces.
Vuelven los pensamientos y abre los ojos. 
Deja caer los pinceles, y allí, en el lienzo y sobre el caballete, aparece perfectamente pintado.

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