El padre lleva a su hijo al colegio. Van jugando por las aceras, luchando con poderes extraordinarios, con energía que sale de sus manos.
El padre va delante, como corresponde, y el hijo le sigue, librando una dura batalla interestelar.
Como si formara parte del juego, cuando el padre mira de nuevo ya no lo encuentra. ¡Vaya! Que rápido se ha escondido. Lo busca detrás del coche, en la calle de al lado, pregunta a los que están sentados en la terraza del bar, pero el chico no aparece.
El corazón se le acelera, corre calle arriba y calle abajo, busca y rebusca, y se desespera.
Llama a la policía.
Sigue preguntando, pero el chico no aparece. ¡Se lo han llevado! Piensa.
El corazón va a explotar, quiere salir de su pecho para ayudarle a buscar.
¡Perdido, perdido!
Al final de la angustia, al torcer a la izquierda del delirio, le ve aparecer a lo lejos, caminando despacio, ajeno a la tragedia de perder a un hijo. Cuando por fin lo abrazo pienso si no fui yo quien estuvo perdido
El padre va delante, como corresponde, y el hijo le sigue, librando una dura batalla interestelar.
Como si formara parte del juego, cuando el padre mira de nuevo ya no lo encuentra. ¡Vaya! Que rápido se ha escondido. Lo busca detrás del coche, en la calle de al lado, pregunta a los que están sentados en la terraza del bar, pero el chico no aparece.
El corazón se le acelera, corre calle arriba y calle abajo, busca y rebusca, y se desespera.
Llama a la policía.
Sigue preguntando, pero el chico no aparece. ¡Se lo han llevado! Piensa.
El corazón va a explotar, quiere salir de su pecho para ayudarle a buscar.
¡Perdido, perdido!
Al final de la angustia, al torcer a la izquierda del delirio, le ve aparecer a lo lejos, caminando despacio, ajeno a la tragedia de perder a un hijo. Cuando por fin lo abrazo pienso si no fui yo quien estuvo perdido

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