Vistas de página en total

martes, 27 de junio de 2017

ESCENA DE FRENOPÁTICO

La gente se aparta de su lado. Yo hago lo mismo. Se tambalea y jadea. Le miro a la cara y quedo perplejo. La lleva ensangrentada y llena de moratones.
Los ojos miran al vacío. Dice cosas inconexas e ininteligibles.
Cuando ya me ha pasado de largo da la vuelta, fija sus ojos en mí, me agarra del brazo y me dice que no tiene cuerpo, que es transparente, que no sabe qué hace aquí entre la gente.
Me suelta y se lanza hacia una pared. Choca de frente y cae al suelo hecho un guiñapo. 
Grita de dolor diciendo que no tiene cuerpo. La escena es de frenopático.
Y justo cuando saco el teléfono para llamar a la policía, llega un tipo raro, vestido con ropas raras, lo coge de la cintura y lo levanta.
Gira el aparato que lleva en su mano y, ahora sí, no tienen cuerpo.

SOLITARIOS

Julio tiene un escuálido cuerpo de jota, apenas mantenido en pie por la fuerza de un suspiro. Vive en su vieja casa, solo y aburrido, sin esperar nada de nada ni de nadie. Como su paga es pequeña, tiene que adelgazar sus deseos, dejándolos en los huesos. Pollo, manzana y arroz, una dieta equilibrada que le permite ahorrar para tomarse alguna caña, quizá un café de vez en cuando. Un día está sentado en un parque, mirando a la gente, a los amantes, a los niños y los perros, cuando ella pasa delante y le mira reconociéndolo. Él también la mira, y con la naturalidad de los iguales, ella se sienta a su lado. Hablan poco. Ella le ofrece un cigarro y él la invita a café. No son de hablar mucho, pero qué bien se entienden. Piensan que la casa de Julio es mejor y allí se van. Decir que hicieron el amor supondría echarle mucha imaginación al acto. En realidad, aquello fue lo de menos. Ella se llama Juana y, con su escuálido cuerpo de jota, apenas sostenido por un suspiro, se fue a vivir con Julio. Ahora son dos solitarios que se aburren ligeramente juntos.

lunes, 26 de junio de 2017

AL BORDE DEL VACÍO

Resultado de imagen de coche a mucha velocidad
Iba por la solitaria autovía a más de ciento sesenta, pensando vagamente en nada concreto, cuando noté que me adelantaba ese coche de lujo, como si el mío estuviese parado. 
Cuando llegó a mi altura, la mujer más bella del mundo se me quedó mirando sin mirar a la carretera. Me sonrió haciendo un gesto con la cabeza para que la siguiera.
Me quedé perplejo mientras ella se colocaba delante.
No pensé en nada más que en seguirla, teniendo en mente que esa idea carecía de cordura.
Tuve que apretar el acelerador a fondo para no perderla, y casi me salgo de la vía cuando, así, de pronto, cogió un desvío. Ya no conducía yo, sino un otro yo desconocido. Tenía que seguirla sin remedio, no me quedaba otra alternativa. Conducimos un buen rato de forma suicida. Yo no veía la carretera, sólo su melena moviéndose como loca.
Y luego acabó la recta y llegamos al tramo final, se me agolparon las preguntas.
Qué estoy haciendo, donde me lleva, quien es ella, qué locura es esta... Entonces ella aceleró más y yo también me aceleré. Entendí que íbamos a morir, ella delante de mí y yo detrás de ella. Justo cuando su coche saltó, yo encontré valor y coherencia suficiente para volver en mí y frenar hasta destrozar las ruedas. Bajé del coche jadeando y me asomé al precipicio.
Me pregunté si ella había existido, si era quizás la muerte, o el gran amor de otro mundo.
El dilema me dejó, ya para siempre, vacío al borde del vacío.

CANSANCIO

Resultado de imagen de hombre muy cansado
Federico está cansado, y no es de ahora sino de hace ya tiempo. 
Seguro que es una falta de vitaminas, de hierro o algo de tiroides.
El médico le receta todo lo que Federico quiere, y alguna cosa más, pero después de unos días ve que su mal no remite. A ver si va a ser algo sicológico. Y va a visitar al sicólogo.
Después de varias sesiones la cosa no mejora, fue a peor por el problema añadido de tener que rascarse el bolsillo. Entonces será el colchón.
Durante los siguientes meses prueba, sin éxito, uno de silicona, uno de muelle duro, uno de agua y hasta un futón japonés. Ahora está, también, cansado de buscar remedios. Y este pensamiento le agota. Pobre Federico, no acierta a comprender que está cansado de sí mismo.

miércoles, 21 de junio de 2017

REVOLUCIÓN

Es una pintada que no pasas desapercibida, grande y desafiante que estalla en la cara de quien la lee. 
A doscientos metros me encuentro la segunda, con el mismo mensaje. La primera es azul, la segunda verde. 
Me siento en la terraza y pido mi café. Una pareja que se sienta al lado lo están comentando. Vaya, parece que hay más por otros lados. Y todas están escritas con colores vivos. 
Entro a pagar y por inercia miro la pantalla de la tele. ¡Dios mío, Es noticia! El reportero muestra distintas ciudades del país, todas inundadas de las mismas pintadas, el mismo mensaje escrito en toda la gama de colores. 
Pasados unos días las cosas se desbocan. En cada fachada, una pintada, el mismo enunciado en cada rincón de cada pueblo, de cada ciudad. 
Se hace común la estampa de grupos de policías apostados en las aceras, escudriñando, pidiendo acreditación a los ciudadanos. 
Los periódicos se hacen eco cada día en primera página. 
Y el texto estrafalario esparcido, la provocación escrita desperdigada, las palabras preocupantes multiplicadas, el texto agitador diseminado dice: soy feliz.

martes, 20 de junio de 2017

PARLANCHÍN

Es muy ameno. Desde que se jubiló no para de hablar ni un momento. 
Habla de todo, de deportes, de noticias, de política. En fin, que no hay tema que se le resista. 
Y se le nota que disfruta. 
La palabra le fluye de la boca como agua de manantial, con alegría y desparpajo. 
Y siempre, siempre habla, a todas horas. 
Desde que se jubiló, se pasa en casa las veinticuatro horas del día. 
Sólo.

PÉRDIDA

El padre lleva a su hijo al colegio. Van jugando por las aceras, luchando con poderes extraordinarios, con energía que sale de sus manos. 
El padre va delante, como corresponde, y el hijo le sigue, librando una dura batalla interestelar. 
Como si formara parte del juego, cuando el padre mira de nuevo ya no lo encuentra. ¡Vaya! Que rápido se ha escondido. Lo busca detrás del coche, en la calle de al lado, pregunta a los que están sentados en la terraza del bar, pero el chico no aparece. 
El corazón se le acelera, corre calle arriba y calle abajo, busca y rebusca, y se desespera. 
Llama a la policía. 
Sigue preguntando, pero el chico no aparece. ¡Se lo han llevado! Piensa. 
El corazón va a explotar, quiere salir de su pecho para ayudarle a buscar. 
¡Perdido, perdido! 
 Al final de la angustia, al torcer a la izquierda del delirio, le ve aparecer a lo lejos, caminando despacio, ajeno a la tragedia de perder a un hijo. Cuando por fin lo abrazo pienso si no fui yo quien estuvo perdido

viernes, 16 de junio de 2017

MENDIGO

Deme alguna moneda, señora, que la quiero para vino. 
Comer no es necesario ahora, que el dolor me devora y la comida no sirve a mi desatino. 
Sólo el vino me comprende, que la gente se desplaza delante de mí sin verme. 
El vino vino en mi busca en el momento oportuno, sustituyendo a la sangre que derramo.
Es un consuelo beberlo mientras mi sangre se esconde de mí, huyendo a otros sangrientos pesares. 
No quiero pan, se lo agradezco, que no es el hambre lo que merezco cuando la herida es tan grande. 
Que no es pan, sino vino, señora, lo que yo quiero.

CONCEPCIÓN

Concepción siempre tuvo claros los conceptos. 
Su casa es su concha, que oportunamente abre y cierra, según su elección, a quien le parece. 
Le gusta cocinar. Cambia comida por palabras. 
Elude a la gente que ladra y a los perros que opinan. 
Ella te abraza como la ostra abraza a su perla, y en cada abrazo se deja la vida. 
Sin ella, el mundo no se concibe.
Concepción llueve palabras sobre mi corazón. 
Por eso, en su presencia, no quiero paraguas.

miércoles, 14 de junio de 2017

EL CUADRO

Coloca el caballete cerca de la ventana, acerca los pinceles y los colores. Luego cierra los ojos y aleja los pensamientos. Ve pasar imágenes fugaces, siente brisas en el cuerpo, leves toques, una brizna de recuerdo, su nacimiento... 
Respiración. 
El pincel elige mano. El tiempo busca su espacio. Los ojos desaparecen. Desaparece el deseo. Respiración. 
Y entonces se despiertan otros canales, para los que ya no hay nombres ni referencias. Respiración. 
Se conectan las fibras, el sentimiento vibra en su máxima frecuencia y el cuerpo ya no existe. Respiración. 
Ya ha llegado, lo tiene enfrente, es un milagro reducido a forma y color. Ese es el cuadro. Respiración. 
Su nacimiento, una brizna de recuerdo, leves toques, siente brisas en el cuerpo, ve pasar imágenes fugaces.
Vuelven los pensamientos y abre los ojos. 
Deja caer los pinceles, y allí, en el lienzo y sobre el caballete, aparece perfectamente pintado.

LA CORAZONADA

Antonio, el de la imprenta, tuvo una corazonada que, inmediatamente, se cumplió.
Su mejor amigo, Eduardo, el cardiólogo, sufrió un ataque al corazón al recibir una fuerte impresión al leer aquel pasaje del libro que Antonio, su mejor amigo, le prestó.

HISTORIA GUARDADA

Anda con la mirada anclada en tierra. Tiene una terrible historia que nunca cuenta, que no puede contar. A lo mejor la olvidó para seguir viviendo. 
No sabe mirar de frente, mira torcido. Y camina entre la gente como escondido. 
Aquella historia que le marcó el camino, negro destino de mirada torva, ya no saldrá de su boca, se la comió de un bocado destrozándole los intestinos. 
Desde entonces lleva los ojos arrastrados por los caminos. 
No le preguntes, ya no se acuerda. 
Mejor así, porque estaría aún más perdido.
Por ahí va, barriendo las calles con sus olvidos.

lunes, 12 de junio de 2017

EL LECTOR

- ¿Ves aquella de allí? Pues esa habla de nuestro pasado, cuando aún no teníamos palabras. Una historia tan antigua que aún estábamos todos conectados. Mírala un rato hasta que también a ti te hable. 
 -Padre, no la oigo. 
 -Bien, quédate en silencio y espera un rato. Al final, las palabras llegan, pero no a tus oídos. 
 - ¿Entonces? 
 -A tu corazón, hija, a tu corazón. Ahora mira aquella otra, la pequeñita.
 -Sí, padre.
 - ¿La oyes? -
No, padre, aun no. 
 -Esa habla de ti. Y me dice que ya es la hora, que tienes que decidir si aceptas el regalo. 
 -Pero padre, yo nunca podré leer las nubes así, como lo haces tú. 
 -Como yo, no. Lo harás como lo harás tú. Y serás una lectora maravillosa. -Padre... - ¿Aceptas? 
 -Es que... Padre -Dime, hija - ¿Por qué ahora? 
 - ¿Ves aquella nube gordota? 
 -Si 
 -Esa es la nube que habla de mí, y de que mi fin está cerca. 
 - ¡Padre! 
 -Calla. Así es la vida. Para que tú vivas yo tengo que morir. 
 -Pero...
 -Y lo hago con gusto. Mi vida ha sido buena. Me regaló a tu madre y a ti. Ahora dime, ¿aceptas el regalo? 
 -Sí, lo acepto. 
 -Gracias, hija, eso me hace muy feliz. Y ese es mi regalo de cumpleaños. Quince años ya, y qué grande estas, cómo pasa el tiempo. 
 -Padre, tengo muchas preguntas
 -Y vas a tener todas las respuestas cuando yo no esté. Las nubes te lo dirán todo. Todo y más. Ahora te dejo sola. Pero sabrás de mí porque vendré en forma de nube para decirle a tu corazón todo lo que no supe decirte con palabras. 
 -Adiós, padre... 
 -Adiós, hija. Abrázame, que me voy y quiero empaparme de ti.

ACOSADORA

Ella me está haciendo la vida imposible, no sé por cuánto tiempo podré aguantar esta dramática situación. Ella espera a que salga de mi casa y, zás, ahí va la acosadora. Generalmente se pone a andar delante de mí para no levantar sospechas, aunque ella ya sabe que yo lo sé, y eso hace que la situación sea más sangrante. 
Y mientras anda, de vez en cuando se gira, de forma disimulada pero desafiante, manteniendo esa tensión que sólo los acosadores saben llevar a la práctica. 
 Hace poco, como quien no quiere la cosa, empezó a obligarme, con mucha sutileza, a que la llamara a altas horas de la noche para hacerme sentir un miserable. 
 Violencia sicológica. Esto se repite varias veces por noche. Tomo pastillas para aguantar el trance. 
 Su último asalto promete dejarme destrozado, una cosa de locos, el delirio de una mente enferma.
 Se pone ropa atrevida, se le nota el tanga, para ponerme nervioso y que me acabe derrumbando. 
Prácticamente me obliga a desearla de forma enfermiza, aunque he encontrado cierto refugio momentáneo en la masturbación, pues hasta tal punto llega su retorcida intención. 
 Quisiera denunciarla, pero temo que me descubra y redoble los intentos de arruinar mi vida. ¡Oh, dios mío! No sé por cuánto tiempo podré soportar tanta humillación.

jueves, 8 de junio de 2017

LA MISIÓN

Su voz resuena profundamente en cada conciencia presente. 
Están ustedes preparados, son los mejores en su especialidad y deben realizar su tarea sin distracción ni piedad. 
La misión es extraordinaria, dada la gravedad de la situación. 
No sean ustedes tibios, y recuerden, lo más importante es que no se olviden de su tarea. 
Les estaremos ayudando desde aquí, aunque ustedes harán el grueso del trabajo. 
No nos queda más tiempo. 
Prepárense, en unos instantes van ustedes a nacer.

miércoles, 7 de junio de 2017

URGENCIA

Si no me doy prisa llegaré tarde. Es por aquí, estoy seguro. 
Tengo que verlo ahora mismo, es urgente, me está esperando desde hace tiempo. 
Me pregunto en qué ciudad, en qué pueblo estoy, porque estas calles no las conozco. 
Pero estoy cerca ya, es por esa, a la derecha. 
Y me espera, tengo una cita irrenunciable para verlo de frente. Esta es la calle y ese es el portal. Ya subo a tu encuentro. Segundo, derecha, la eternidad. 
Llamo al timbre y me levanto de la silla para abrir la puerta. 
Me pregunto quién seré a estas horas.

FRACTAL

Se levanta con el sol y comienza el orden y la limpieza. La cocina limpia, el Suelo barrido, cada cosa en su sitio. Y después de quitar el polvo, desayuno y descanso. 
Seguimos. Dar de comer a los gatos. Saludar a los vecinos. La compra en la tienda del barrio. Limpiar el polvo, fregarlo todo. Luego su propio aseo. 
Ella no lo recuerda, pero para eso vino, para ser la punta del fractal que mantiene en orden esta parte del universo.

lunes, 5 de junio de 2017

UNA YEGÜA

Se apartó del grupo guiada por su propio silencio. 
Todo estaba lleno de espacio, de hierba y del murmullo de los caballos paciendo. 
Quiso revolcarse y se tiró al suelo, oliendo el fresco rocío de la mañana. 
Los caballos se fueron acercando mientras ella bufaba con la boca manchada de tierra. 
Se levantó de un salto y salió corriendo, haciendo cabriolas enloquecidas. 
Y los demás caballos la siguieron. 
Sus compañeros la estuvieron buscando, pero sólo encontraron la mochila.

sábado, 3 de junio de 2017

GRITOS IMAGINADOS

Santiago Valdivia se retuerce en su cama. El dolor le está sacando de quicio. Como si no tuviera bastante con sus ochenta y ocho años. 
Y eso no es todo lo malo, porque Santiago no tiene voz, se la comió el pájaro voraz que sale de noche por los pasillos de la residencia. 
Los gritos que da son imaginarios, nadie le escucha, nadie viene a ver qué le pasa. 
Y apenas puede soportarlo. 
En otra habitación duerme una monja a pierna suelta. 
Es la enfermera. Desde hace un tiempo está perdiendo la memoria y nadie se ha dado cuenta. La pastilla para el dolor de Santiago.

LA RESIDENCIA

Residen. Están residiendo. Esperando y residiendo. 
Residen junto a los pájaros disecados en la jaula, los relojes parados, las películas del oeste, las monjas automáticas, el tiempo programado. 
Y residen y residen, no tienen otro remedio. El sillón como un pre-nicho donde ensayan con lo quieto. 
Algunos sólo mueven la lengua, algunos sólo son con el silencio, la mirada fija en otro tiempo que traspasa las paredes residenciales. 
Casi todos siguen la norma de estarse muriendo. 
Pero mientras la muerte llega, todos se esfuerzan en residir. 
Residir o morir.

viernes, 2 de junio de 2017

ENCUENTRO

Nos encontramos a solas y asolas nuestros encuentros. Nuestro cruento cuento cuento, en cuanto presiento cuánto lo siento. Ambos sentados sentimos si estamos. Ambos sentidos sedados y estables, establecidos hasta que hables con sentimiento.

jueves, 1 de junio de 2017

DESUBICADO

No tendría más de cinco años. 
Cuando salí a tirar la basura, lo encontré sentado sobre el tejado. Me quedé parado mientras lo miraba fascinado. Era un niño precioso, con la mirada limpia y los ojos acristalados. 
Le pregunté su nombre, pero se quedó callado, mirándome sin expresión. 
 No acertaba a pensar cuales serían las circunstancias que le trajeron a mi casa, ¡¡a mi tejado!! 
Seguí hablándole sin obtener respuesta. Sería mudo. Según lo pensaba ya me pareció absurdo, pero también lo era cualquier otra suposición. 
Alguien lo había perdido, sus padres, supongo. 
"¿Cómo has subido ahí?" Ni pío.
Miré alrededor de la casa buscando algún indicio, un coche parado, alguien preocupado, una escalera... Ya era tarde y no tengo vecinos. El niño estaba tranquilo.
Mirándole, le pregunté que dónde vivía. En ese momento sus ojos adquirieron viveza.     Levantó la mano señalando las estrellas.