Se llamaba Gema y era, qué duda cabe, un espíritu en la Tierra.
Vendía pareos en la playa y se regalaba ella misma con su salada presencia. Negra como el tizón de andar todo el día bajo el sol con su sonrisa de aguamarina.
Era encantadora compañera de juergas y conciertos, y un porro siempre recién hecho, sobre todo cuando ya a nadie le quedaba ni el recuerdo.
Un día le contó a su mejor amiga lo de las voces. Su mejor amiga le dijo que de voces nada, que si seguía con esa historia podría acabar en el siquiátrico. Así que Gema, a partir de entonces, no contó nada, pero las voces las seguía oyendo.
Ahora le estaban diciendo que se tenía que colgar. Ella empezaba a tener miedo. Las voces se estaban poniendo muy pesadas y ella tenía la cabeza que le explotaba.
Dejó una carta pidiendo perdón por su cobardía, pero ya no podía soportarlo más, tenía que colgarse. Y lo hizo en una viga de su casa.
Su cuerpo delgaducho apenas se percibía en contraste con las salinas del fondo, atardecer, sol, sal y fuego. También gaviotas.
La reina de los pareos.
Se la llevaron las voces, quedó su destello.
Vendía pareos en la playa y se regalaba ella misma con su salada presencia. Negra como el tizón de andar todo el día bajo el sol con su sonrisa de aguamarina.
Era encantadora compañera de juergas y conciertos, y un porro siempre recién hecho, sobre todo cuando ya a nadie le quedaba ni el recuerdo.
Un día le contó a su mejor amiga lo de las voces. Su mejor amiga le dijo que de voces nada, que si seguía con esa historia podría acabar en el siquiátrico. Así que Gema, a partir de entonces, no contó nada, pero las voces las seguía oyendo.
Ahora le estaban diciendo que se tenía que colgar. Ella empezaba a tener miedo. Las voces se estaban poniendo muy pesadas y ella tenía la cabeza que le explotaba.
Dejó una carta pidiendo perdón por su cobardía, pero ya no podía soportarlo más, tenía que colgarse. Y lo hizo en una viga de su casa.
Su cuerpo delgaducho apenas se percibía en contraste con las salinas del fondo, atardecer, sol, sal y fuego. También gaviotas.
La reina de los pareos.
Se la llevaron las voces, quedó su destello.

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