Todo empezó el día que fui al oculista y me echó aquellas gotas en los ojos.
Por supuesto que pasó un tiempo y no fui capaz de ver el entramado, pero ahora es distinto; el destello abrió mi mente.
Y ahora sé que me tienen controlado.
Me aterra pensar que estuve a punto de casarme con ella, sabiendo, como lo sé ahora, que ella forma parte del plan.
No pasa un día sin que descubra algún nuevo implicado.
Ayer supe que también mi hermano está en el ajo. No le culpo a él, seguro que lo hace engañado. O drogado. O hipnotizado.
Si quisieran matarme ya lo habrían hecho. No parece que ese sea el asunto.
Pero, por lo que sea, me tienen super controlado.
La cajera del supermercado, el de la tienda de electrónica, los que me siguen por las calles que, por cierto, cada día me ponen unos distintos.
En fin, que ya estoy bastante intrigado, no sé qué les resulta tan interesante de mí, que les compensa el enorme gasto de medios que despliegan todos los días, ¡todos los santos de los días! Hoy se lo conté a una amiga. Ella me dice que todo son comeduras de tarro, que tal y que pascual. Yo, lo que creo, es que quizás ella también... No me puedo fiar... Ellos son capaces de todo.
Ayer vi al oculista por la calle. Iba del brazo de una negra despampanante. Por un instante nos miramos; él rio. Yo supe que era el jefe, el que tenía el líquido. Seguro que vivía como un marahá.
Ahora hago videos en casa. Y músicas con el ordenador.
Ayer me trajeron el pendrive. No lo he puesto, claro.
Y luego está el dolor que no se quita, el de la soledad, lo de no poderlo contar ni compartir. El dolor de conocer una verdad que sólo veo yo. El dolor de ver incluso a tus amigos y parientes siendo manipulados contra mí. El dolor de no saber por qué yo, porqué a mí, y para qué.
Y el dolor de tener la certeza de que esta situación sólo puede ir a peor.
Por supuesto que pasó un tiempo y no fui capaz de ver el entramado, pero ahora es distinto; el destello abrió mi mente.
Y ahora sé que me tienen controlado.
Me aterra pensar que estuve a punto de casarme con ella, sabiendo, como lo sé ahora, que ella forma parte del plan.
No pasa un día sin que descubra algún nuevo implicado.
Ayer supe que también mi hermano está en el ajo. No le culpo a él, seguro que lo hace engañado. O drogado. O hipnotizado.
Si quisieran matarme ya lo habrían hecho. No parece que ese sea el asunto.
Pero, por lo que sea, me tienen super controlado.
La cajera del supermercado, el de la tienda de electrónica, los que me siguen por las calles que, por cierto, cada día me ponen unos distintos.
En fin, que ya estoy bastante intrigado, no sé qué les resulta tan interesante de mí, que les compensa el enorme gasto de medios que despliegan todos los días, ¡todos los santos de los días! Hoy se lo conté a una amiga. Ella me dice que todo son comeduras de tarro, que tal y que pascual. Yo, lo que creo, es que quizás ella también... No me puedo fiar... Ellos son capaces de todo.
Ayer vi al oculista por la calle. Iba del brazo de una negra despampanante. Por un instante nos miramos; él rio. Yo supe que era el jefe, el que tenía el líquido. Seguro que vivía como un marahá.
Ahora hago videos en casa. Y músicas con el ordenador.
Ayer me trajeron el pendrive. No lo he puesto, claro.
Y luego está el dolor que no se quita, el de la soledad, lo de no poderlo contar ni compartir. El dolor de conocer una verdad que sólo veo yo. El dolor de ver incluso a tus amigos y parientes siendo manipulados contra mí. El dolor de no saber por qué yo, porqué a mí, y para qué.
Y el dolor de tener la certeza de que esta situación sólo puede ir a peor.

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