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lunes, 31 de julio de 2017

NECESARIOS

En la sociedad, en el mundo entero, todos los humanos somos necesarios.
Nadie falta, nadie sobra.
Hace años, más de veinte, pasé por un tramo de mi vida bastante raro. No sabía donde meterme, donde asirme, cómo encontrarme.
Y dando tumbos y sin dinero, me apunté a la vendimia de Tobarra, con un amigo tan perdido como yo.
El trabajo era duro. Pasábamos una buena parte del día doblando el espinazo, y yo, qué quieren que les diga, llegaba por la noche a casa con un dolor inhumano en lugares que no sabía que tenía.
También aprendí a manejar la tijera de la uva. No es que no supiera, sino que había que ir a una buena velocidad.
El resultado de tamaña novatada fue que, cada dos por tres, me hacía un corte en la mano o en un dedo, dejando un pequeño reguero de sangre.
Pero no guardo, en general, mal recuerdo. Entre otras cosas porque de allí saqué una enseñanza que aún hoy me conmueve.
Pensé en cada grano de uva. La mayoría estaban en un buen punto de madurez, dulces pero no pasas, un pelín ácidas, agradables.
Y luego estaban las minorías. 
Una de esas minorías eran las verdes, las que no habían madurado, agrias y desagradables. Por lo menos para una gran parte de la gente.
Otra minoría eran las pasas, que aunque pocas, ya las había.
Otra minoría estaban directamente podridas.
Con estos mimbres, la metáfora está servida.
Para que una sociedad sea como un buen vino, necesitas un grueso de gente madura, y luego matices.
Y en los matices cabemos todos, todos somos necesarios.
Pero es que, además, las uvas se llevan el polvo de la tierra, el sudor de nuestras manos y parte de nuestra sangre.
En resumen. Necesitamos a todos para elaborar el vino de la vida.
Necesitamos sangre, sudor y trabajo para que esa vida que estamos elaborando tenga los ingredientes adecuados.
Y también estaban, claro que sí, los momentos divertidos, el compadreo, las historias personales, las risas y las confidencias. Y el sol, y la tierra. Y la brisa fresca, los primeros rayos del sol.
Y no me olvido del sueldo, la otra recompensa.
Visto así parece mucho esfuerzo y poca chicha, pero todo cobra sentido cuando, ya terminada la temporada, nos echamos unos tragos de ese vino y entramos en comunión con nuestros semejantes, y con suerte, alcanzamos destellos de lo divino.
Y así, entre metáforas, pasé por aquella vendimia.
Asturias, patria querida.


CONFABULACIÓN

Todo empezó el día que fui al oculista y me echó aquellas gotas en los ojos. 
Por supuesto que pasó un tiempo y no fui capaz de ver el entramado, pero ahora es distinto; el destello abrió mi mente. 
Y ahora sé que me tienen controlado. 
Me aterra pensar que estuve a punto de casarme con ella, sabiendo, como lo sé ahora, que ella forma parte del plan. 
No pasa un día sin que descubra algún nuevo implicado. 
Ayer supe que también mi hermano está en el ajo. No le culpo a él, seguro que lo hace engañado. O drogado. O hipnotizado. 
Si quisieran matarme ya lo habrían hecho. No parece que ese sea el asunto.
Pero, por lo que sea, me tienen super controlado. 
La cajera del supermercado, el de la tienda de electrónica, los que me siguen por las calles que, por cierto, cada día me ponen unos distintos. 
En fin, que ya estoy bastante intrigado, no sé qué les resulta tan interesante de mí, que les compensa el enorme gasto de medios que despliegan todos los días, ¡todos los santos de los días! Hoy se lo conté a una amiga. Ella me dice que todo son comeduras de tarro, que tal y que pascual. Yo, lo que creo, es que quizás ella también... No me puedo fiar... Ellos son capaces de todo. 
Ayer vi al oculista por la calle. Iba del brazo de una negra despampanante. Por un instante nos miramos; él rio. Yo supe que era el jefe, el que tenía el líquido. Seguro que vivía como un marahá. 
Ahora hago videos en casa. Y músicas con el ordenador. 
Ayer me trajeron el pendrive. No lo he puesto, claro. 
Y luego está el dolor que no se quita, el de la soledad, lo de no poderlo contar ni compartir. El dolor de conocer una verdad que sólo veo yo. El dolor de ver incluso a tus amigos y parientes siendo manipulados contra mí. El dolor de no saber por qué yo, porqué a mí, y para qué. 
Y el dolor de tener la certeza de que esta situación sólo puede ir a peor.

EL GESTO

Sólo yo conozco cuál es el gesto. Me fue trasmitido en un sueño, y desde entonces lo mimo, lo maduro y lo practico por si alguna vez necesito usarlo. 
Por supuesto que todo esto es un absoluto secreto. Si alguien de los de arriba lo supieran, mi vida no valdría una mierda. 
Yo mismo necesito mantener intacta mi fe para que el poder no se diluya. 
El gesto en sí es muy sencillo, se forma con las manos en un plis plas. 
Pero el secreto está en la intención, en su correcto uso. 
Aun no entiendo por qué he sido yo el elegido para tomar semejante decisión, pero cuando llegue el momento sabré estar a la altura.
Y viendo como están las cosas en el mundo creo que el tiempo se acerca ya.
Quizás hoy o mañana.
Yo le llamo el mudra de la renovación.

domingo, 30 de julio de 2017

FUSIÓN

A partir de aquí, y visto el giro de mis acontecimientos, me he decidido a fusionar los Relatines con las Reflexiones. Me he dado cuenta que son lo mismo, dos formas de hablar de lo que soy, de lo que siento, de lo que veo a mi alrededor.
No te será difícil decidir en qué lugar clasificas lo leído. O puedes hacer lo que hago yo, hacer una infusión.
Saludos.

LA PESCA

Si, si, acérquese con cuidado, sin hacer ruido, y siéntese aquí, a mi lado. 
Pues ha llegado usted justo a tiempo. Por estas fechas, lo que más llega por aquí, son esas típicas melodías de verano. Se pueden pescar por miles sin esfuerzo. Son las melodías que pesca todo el mundo, esas que se pegan como lapas y no te abandonan ni a tiros. 
Pero si lo que usted quiere es una música más selecta, entonces hay que adentrarse en este océano sonoro, y tener el criterio bien afilado, que todo está muy rebuscado. 
No vaya usted a creer que es sencillo, que los mejores pasajes sonoros ya fueron cosechados hace algunos siglos. 
Bueno, tengo que dejarle un momento. ¿Ve usted aquel sonido que va por allí? Pues voy a seguirlo. Sé que me llevará hasta alguna frase musical llena de emoción y sentimiento, que es lo que ahora necesito. 
Y si hay suerte, puede que termine el día con una pequeña sinfonía.

LA REINA DE LOS PAREOS

Se llamaba Gema y era, qué duda cabe, un espíritu en la Tierra. 
Vendía pareos en la playa y se regalaba ella misma con su salada presencia. Negra como el tizón de andar todo el día bajo el sol con su sonrisa de aguamarina.  
Era encantadora compañera de juergas y conciertos, y un porro siempre recién hecho, sobre todo cuando ya a nadie le quedaba ni el recuerdo. 
Un día le contó a su mejor amiga lo de las voces. Su mejor amiga le dijo que de voces nada, que si seguía con esa historia podría acabar en el siquiátrico. Así que Gema, a partir de entonces, no contó nada, pero las voces las seguía oyendo. 
Ahora le estaban diciendo que se tenía que colgar. Ella empezaba a tener miedo. Las voces se estaban poniendo muy pesadas y ella tenía la cabeza que le explotaba. 
Dejó una carta pidiendo perdón por su cobardía, pero ya no podía soportarlo más, tenía que colgarse. Y lo hizo en una viga de su casa. 
Su cuerpo delgaducho apenas se percibía en contraste con las salinas del fondo, atardecer, sol, sal y fuego. También gaviotas. 
La reina de los pareos. 
Se la llevaron las voces, quedó su destello.

domingo, 23 de julio de 2017

VIEJOS

Que conste que yo siempre estuve en contra.
La idea rebotaba por dentro de mi cabeza sin encontrar acomodo. La publicidad lo decía bien claro. Ya has llegado a viejo, y esperar el deterioro no está en tus planes, pues te dejamos flotando en tu casa, en tu cama, viviendo experiencias que tú eliges hasta que llegue la hora. Suena terriblemente deseable. Nada de dolores, nada de recuerdos. Sólo lo que tú eliges, los sueños no realizados, los viajes postergados, la experiencia de probar todas las drogas imaginables, proezas sexuales con mujeres de ensueño, viajes por entornos abstractos, sensaciones imposibles, como sentirte bajo el agua del mar sin tener que respirar, o tener la perfecta experiencia de volar sin esfuerzo. 
Ahora el viejo soy yo, y tengo que decidir entre una vejez real y una planificada. 
Cuando busqué a mis compañeros de vejez todos estaban ya decididos. 
Todos menos ella, a quien los numerosos años le sentaban estupendos. 
Aceptó encantada mi propuesta. 
Y ahora, mientras los demás sueñan, nosotros realizamos.

PARA LA TELE

Pase, pase, no se quede usted ahí. Mire, esta es la cocina, un poco pequeña, pero como vivo solo, pues... 
Yo iba para cocinero, pero justo cuando terminé mi preparación me pasó lo de la espalda y, bueno, una pena. 
Estaba a punto de casarme con la chica más buena del pueblo, pero con lo de la espalda, pues, en fin... 
Pasé mucho tiempo desesperado, pensando incluso en...bueno, ya sabe usted. 
Este es el cuarto de baño. Cuidado con las goteras. 
¿Indemnización dice usted? Que va, por aquel entonces no había nada de eso. Sí, claro, una pena. 
Pero fíjese, que me he acostumbrado y ya no quiero otra cosa. Aquí ya estoy instalado, hasta que dios quiera. 
Entonces dice usted que esto es para la tele. Ah, muy bien.
¿Como? No, no hace falta que me avise. Verá, tengo la tele estropeada. 
 Sí, una verdadera pena.

miércoles, 19 de julio de 2017

EL BARBERO

Mi mujer y yo acabábamos de mudarnos al pueblo. 
Ya no estábamos para muchos trotes y la ciudad se nos hacía cuesta arriba. 
Después de dos meses de paseos encontré una vieja barbería, de las antiguas de verdad, donde al cliente se le trata con auténtica profesionalidad. 
¡Ah!, el antiguo ritual de brochas, aceites y masajes. Ah, el gesto milimétrico de sus manos colocando mi cabeza en la posición correcta. 
¡Ah!, el sonido rasposo de la navaja cortando el recio pelo de la barba. 
¡Ah!, la conversación superflua del barbero que te deja en alfa. 
Entré. 
No había nadie esperando y me indicó, con un leve gesto acompañado de media sonrisa, que ocupara el trono. 
Todo era perfecto, tal y como yo lo recordaba, pues la experiencia en estos mágicos lugares siempre era la misma, sin importar en qué lugar estuvieses o quién era el barbero que te atendía. 
Lentamente fui cayendo en ese divino sopor mientras el barbero, impecablemente afeitado, me aplicaba sus artes con las manos. 
Hubo un momento delirante en el que supe que perdería el control de mi escasa vigilia, y antes de cerrar los ojos pude intuir, más que ver, como el barbero bajaba la persiana y cerraba la puerta. 
La loción, fue la loción que entró en el reguero de mi sangre. 
Su sonrisa, la última que vi, se hizo un poquito más descarada. 
Y ya, con los ojos aplomados, sentí el corte que daría a mi cabeza el look definitivo.

martes, 18 de julio de 2017

ENTRE MIS DEDOS

Mira, ¡mira! Ya lo tengo, está aquí, entre mis dedos. ¡Oh, dios mío! Nadie va a creerme, y sin embargo aquí lo tengo. 
Ahora, con la ayuda de mi descubrimiento, accedo de forma ilimitada a todo el saber del universo, aunque necesitaré mucho tiempo para ordenar este flujo infinito de datos y hacer algo al respecto. 
Por supuesto que tengo que guardar bien el secreto mientras espero mi momento. 
En otras manos podría significar el fin de nuestra realidad, la vuelta al caos. 
Y yo no lo permitiré jamás, porque yo soy de los buenos, claro. 
Y espero que no me descubran los malos. Eso espero. 
¡Oh, mierda! Otra vez se me cae la baba, y vendrá ese hombre a ver qué pasa. 
Yo, por si acaso, voy a seguir aquí, me quedaré quieto, haciéndome pasar por loco, esperando mi momento.

sábado, 15 de julio de 2017

JUANA TIENE UN AMIGO

Juana ya tiene muchos años a sus espaldas, pero bastantes menos que su anciano marido. 
Desde hace ya unos meses le cuida porque está en la cama con un ictus. 
Juana no ama a su marido. Le lleva sometiendo a pequeñas humillaciones desde que se casaron. Ella creyó que lo que tenía que hacer era aguantarse, pues eso es lo que le metió en la cabeza su madre. 
Luego, cuando se dio cuenta del fraude, ya se sentía mayor y pensó que le faltarían fuerzas para cambiar el rumbo de su vida. 
Pero fíjate tú que ahora se ha vuelto atrevida, por eso, además de las pastillas que le manda el médico, ella le regala otra que le da cada día. 
Se lo aconsejó un hombre que conoció en la consulta. Tiene unos cincuenta años, bien llevados, bien parecido, cariñoso y que tiene conocimientos básicos de veterinaria. 
Un encanto de persona, muy majo. Buena gente.

JUBILACIÓN

El primer día de su jubilación ya entendió que aquello no iba a funcionar. 
Se levantó raro porque era lunes. 
La media hora que logró aguantar en la cama después de despertar le dejó una ligera sensación de culpabilidad. 
Después de desayunar se quedó pensando qué podría hacer. Se puso a leer un libro, pero no se veía. Pensó en ir a pasear, pero a dónde...             
Pensó en hacer.... No sé, algo, pero... 
Quizás podría llamar a alguien, algún amigo. O conocido. No, amigos no tiene. 
Y conocidos, sobre todo, los que trabajaban con él. Pero claro, ahora ya no trabaja. 
Y supo en ese momento que no iba a funcionar, que estaba más solo que la una, que viene cuesta, que los años no son los que eran. 
La jubilación estaba ya aquí. 
Pero el júbilo se negaba a aparecer.

jueves, 13 de julio de 2017

LA HABITACIÓN

Cuando entré aquella mañana a la habitación me encontré con un trozo de algo que parecía carne machacada. 
Me acerqué al suelo y me quedé mirando aquello tratando de entender qué era y cómo había llegado hasta allí. Durante todo el día estuve dándole vueltas a la cabeza. 
Las hipótesis iban y venían sin lograr acomodo en ningún apartado lógico. 
Al final del día pensé que aquel amasijo de carne no era real, que me lo había imaginado. 
ero los sucesos del día siguiente se encargaron de poner las cosas en su sitio.
Lo absurdo, multiplicado, pues cuando volví a entrar en la habitación me encontré casi todo el suelo lleno de esa misma masa de carne, sangre y huesos. 
Me quedé en la puerta, mirando de pie toda esa locura, buscando una explicación. 
No sé cuánto tiempo estuve allí, casi sin respirar, mirando como hipnotizado. Y, además, sabiendo que lo que estaba viendo era imposible. Estuve a punto de perder la cordura, así, en un instante. 
Pero tuve suerte al volver en mí y salí de la habitación tan rápido como pude. El tercer día fue definitivo. Me lo pensé mucho antes de abrir la puerta. 
Lo siguiente que recuerdo es despertar en el hospital. Los médicos hacían corro alrededor de mi cama y cuchicheaban entre ellos. 
Cuando uno de ellos abrió la sábana vi en sus ojos el horror. Me dio el tiempo justo para ver parte de ese horror. Yo era el horror. 
Mi cuerpo era un amasijo de sangre, carne y huesos, y lo más seguro es que fuese a morir de un momento a otro. 
 Mientras tanto, en la habitación...

miércoles, 12 de julio de 2017

HABITACIÓN ENSANGRANTADA

Casi me desmayo. A mí es que la sangre me deja fuera de juego. 
La habitación estaba empapada, el suelo encharcado y las paredes estampadas, todo con ese rojo teja tan espesico. 
Ah, y el hombre estaba muy, muy descuartizado junto al hacha. 
La casa apenas era visible, agazapada entre los pinos, y en los alrededores no se veía un alma. En realidad, no sabía qué hacer. Me quedé allí, de pie, pensando en varias posibilidades, aunque todas ellas me pedían el carácter de urgencia. 
Estaba claro que ningún policía vendría a echar un vistazo, y yo tenía que resolver. 
Y bueno, al final hice lo que hubiese hecho cualquier otra persona en mis circunstancias. 
Le prendí fuego a la casa para asegurarme que no dejaba ninguna pista. 
Y me fui silbando una melodía.

martes, 11 de julio de 2017

CAMBIAR LAS ESTRUCTURAS

Hay veces en que no consiento que la realidad sea tan real, tan dura y mezquina. 
Estoy equivocado, lo sé, porque las cosas son así y la evolución va despacio, pero aun así no puedo remediarlo. 
Sé que debe haber un equilibrio, a más duro en un extremo de la balanza, más blando en el extremo contrario. A mayor capacidad de gloria, mayor para un infierno
A veces pienso que ya ha llegado la hora para que el cielo se exprese y el infierno se diluya.
Hay que cambiar las estructuras, fabricar otras más orgánicas. 
Hay que cambiar el mundo, vamos a cambiar el mundo, voy a cambiar el mundo, cambiar, cambiar... 
Voy a cambiar al niño... Míralo, que bonico. ¡Pero si hasta tiene carita de estar pensando!

DESPUÉS DE CERRAR

Ya estoy preparado. Voy limpio y elegante, pero no llamativo. 
Esta semana he venido a Alicante, no quiero trabajar mucho tiempo en el mismo sitio. 
Elijo un local alejado del centro. Sé que cierran tarde, pero yo no tengo prisa. 
Hago el ritual de siempre, me siento solo y me pido una copa de un licor suave. 
Cruzo miradas con el camarero anticipando como acabará esto. 
Llega la hora de cerrar. Ahora preparo la escena de siempre, las miradas casuales con sonrisa imperceptible. 
Ya baja la persiana, apaga las máquinas y la música. 
En unos minutos empezará el espectáculo. Me levanto decidido a finalizar lo mil veces ensayado. 
Me acerco a la barra, meto la mano en el bolsillo mientras sonrío. 
Ahora se da la vuelta, mis ojos sobre los suyos lo van a dejar dormido. 
Pero por primera vez me encuentro unos ojos más letales que los míos. Me deja inmóvil y sorprendido. 
Entonces me muestra en su mano el objeto con el que zanjará las cosas esta noche.

domingo, 9 de julio de 2017

SOLEDAD Y REMEDIOS

Soledad tiene una amiga, Remedios. Apenas se ven, nunca encuentran el momento. Y, además, viven muy lejos la otra de la una. 
 Algunos domingos quedan en el rastro y se toman un café. Luego dan un paseo. Hablan de sus mismas cosas de siempre. 
La pensión que no llega, los vecinos que hacen ruido y ensucian la escalera, los sueños dejados por el camino, el camino que se estrecha, la vida misma que se estrella sin remedio. 
Y luego, el otro capítulo, el de los achaques, un capítulo siempre abierto, sin final, que va creciendo a cada encuentro. 
Soledad está perdiendo la memoria, y hay semanas que no recuerda su soledad. 
Remedios ya no se puede levantar de la cama, y hace ya unas semanas que Soledad no le coge el teléfono. 
Remedios ya no tiene a Soledad.
Soledad ya no tiene remedio.

CORAZÓN PERFECTO

Sí, ya lo veo. Y lleva usted mucha razón, está perfecto. No tiene ni un rasguño, vamos, que está como recién salido de fábrica. 
Me dice usted que nunca lo ha expuesto, que ha visto a los demás como lo usan, y que eso, a usted, no le gusta. Y yo le comprendo. 
A ver qué locura es esa de andar por ahí provocando excesos. 
Así, gracias a esa mesura, evita usted heridas innecesarias, roturas, vaivenes que no convienen, dolores, espesuras, confusiones y contusiones. 
Bueno, caballero, le felicito. 
Cualquiera diría que, con los años que tiene, conservara usted en un estado tan envidiablemente perfecto su pequeño, pequeño corazón.

viernes, 7 de julio de 2017

MAR

Mar es una mujer oceánica, inmensa y llena de vida. 
De su boca salen barcos llenos de marineros, bancos de peces y caracolas. 
Tiene ojos serenos de sirena que ven más allá de la pecera. 
Es fácil amar a Mar, dejarnos mojar por ella, estrella de cinco puntas que apuntan al corazón. Mar se deja llevar por la fuerza de la luna, que mece su cuna y, si te descuidas, te arrastra con ella. 
Es una mujer alada, sus alas son aletas. 
Por nada deja de nadar. Es una mujer salada, sus besos saben a sal. Por nada deja de besar. Esta es mi Mar. 
Y yo la quiero mimar.

DE COMPRAS EN EL NUEVO HIPERMERCADO

Llegaron a la casa emocionados. Entre los dos necesitaron varios viajes desde el monovolumen para poder descargar toda la orgiástica compra que traían del nuevo hipermercado. 
¡Mira, mira! Decía ella. ¡Que pasada! Le contestaba. 
Una tele plana, un lechón congelado, una sombrilla de playa, mesa y seis sillas para el patio, una barbacoa, dos tablets, un jamón, una olla exprés, tres pijamas... dos grandes y uno... pequeño. 
El pequeño seguía allí, agachado en el rincón de los saldos.