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domingo, 4 de marzo de 2018

PAJARICO


Y mira, qué belleza, la de este pajarico que se acerca. Pero mira qué salticos va dando por el suelo mientras picotea entre las piedras.
Tiene hambre, sí, es invierno. Pero tiene más hambre que frío, ya te digo. Y si pudiera, cambiaría toda su elegancia por algo que echarse a su minúsculo estomaguico. Ese pajarico, pequeño, elegante, saltarín y muerto de frío, tiene hambre, muchísimo hambre.
Yo me agacho, pongo mis manos ahuecadas y me quedo quieto. El pajarico guarda una prudente distancia. Está calculando si será buena idea irse acercando por si guardo algo de comer entre mis manos. Va y viene como bailando. Y baila con salticos, muertecico de hambre. Seguro que hace días que no come.
Y el frío, este invierno que no termina para nadie.
En realidad, a mí me pasa lo mismo.
El flaco pájaro, por fin, se acerca. Suavemente lo acogen mis manos frías.
En menos de tres minutos lo he desplumado y me lo he comido, crudo, como hago con todo lo que pillo.
Quedamos pocos hombres en el mundo, y pocos bichos.
Y no, al final no fue calentamiento global.

PRECAUCIÓN


Serafín Y Magdalena tomaron todo tipo de precauciones. A fin de cuentas, su hijito del alma, Gerardín, se merecía una educación de calidad.
Lo más difícil fue mantenerlo al margen de la masiva e insistente violencia con la que, tanto los dibujos animados como los videojuegos, les tenían avasallados.
Todo fue bien hasta que un día, un descuido, un telediario...

NO PUDO SER


Sentados en la pequeña mesa del café, Santiago Ridruejo recordaba cómo se conocieron.
Fue después de meses escribiéndose largos mensajes, en donde compartieron muchos sueños y algunas realidades.
A Santiago no le molestaba su poblada barba, ya se había acostumbrado. Es más, estaba pensando en dejársela él mismo también. Sería una forma de decirle que su amor estaba por encima de lo aparente, que su acercamiento obedecía a un sentimiento verdadero, meditado, guiado por el corazón.
La gente hablaría, serían señalados, molestados por los niños y muchos, pretendidamente, adultos. Pero eso lo tenía asimilado. Eso creía. 
Y ahora está aquí, Y Santiago le va a pedir en matrimonio. 
Pero recibirá un no por respuesta.
Santiago le coge las manos, mira dentro de sus ojos y ensaya una torpe despedida.
Y llora porque se da cuenta de que no habrá otra oportunidad.
Cuando desaparece tras la puerta, le llega un pensamiento cargado de serenidad.
Qué difícil debe ser trabajar en el circo de mujer barbuda.

TRANSPARENTE


Pues estaba con él, como siempre, tomando el cafelito de la tarde y, no sé, en un momento dado, pues... ¡Uf! Es que es muy fuerte, tío, me quedé mueeerrrto. Vi que, como si se volviera transparente, o sea, como que, como si se estuviese... Pero seguía hablando como si no pasara nada. Entonces debió ver mi cara y me preguntó que qué me pasaba. ¡¿Que qué me pasaba?! Eso sí que es bueno, el tío está desapareciendo y me pregunta que qué me pasa, manda guevos. Y nada, que me veo que va y viene, va y viene, se está volviendo transparente, tío, ¡transparente! Te lo juro, tío. Me levanté de la silla y miré a los demás, ¡Alucina! Los demás también estaban desapareciendo. ¡Mierda! ¡¡Mierda!! ¡¡¡Mierda!!! Quise coger a mi amigo por el brazo y salir de aquel bar cagando leches, pero ya no pude. Lo último que vi fue los ojos, llenos de espanto, de mi amigo que me miraba.
Y entonces, chás, me quedé sólo en este sitio tan raro.

sábado, 3 de marzo de 2018

SIMPLEMENTE, ERA


Porque hay que recordar que no eran aquello que estaba en boca de la gente nueva era, almas gemelas, no, nada de eso.
Esto era como, como muy terrenal, muy normal. Simplemente, era.
Con el paso del tiempo, incluso la gente fue perdiendo el interés, nadie le veía la gracia, la utilidad, o lo que fuera, y se quedaba la cosa en poco menos que una simple curiosidad.
Y eso que así, a primera vista, eso de nacer dos veces tiene su aquel. Yo mismo nací dos veces, y ya me ves, no noto la diferencia.
Y ahora, cuando ya ha pasado el jaleo, nos enteramos de esto, que ya hay gente que ha nacido tres veces.
No, si al final vamos a ser todos el mismo.

NO FUE ESO LO QUE HABLAMOS


No, eso no fue lo que hablamos.
Nos pasamos mucho, mucho tiempo, perfilando los personajes, dotándolos de la suficiente hondura y significado, como para que, a última hora y sin consultarme, te decidieras a terminar la historia de aquella forma.
Me vuelvo cuerdo, vaya, qué final inesperado, que dechado de ingenio, vertido sin gracia y con prisas. Todo mi trabajo tirado por el suelo.
Nunca debí fiarme, nunca, de aquellas tardes de falsa camaradería, de viandas y vino, de promesas y buenas palabras.
Pues no, señor Miguel, al final no recobro la cordura.
De Sancho, mejor no hablamos.

NO ME MIRES ASÍ


Me tienes harto. Qué digo harto, ¡estoy hasta los guevos!
Y deja de mirarme así, que no tengo monos en la cara. Mírate tú en el espejo, si es que tienes ganas. Nada, como si le hablara a la pared, mira que eres sieso. Pues por mí puedes mirar hasta que se te pudran los ojos, desgraciado.
Porque no me temblará el pulso si tengo que matarte otra vez.

AMIGO IMAGINARIO


Marta es una joven madre. Su hijo apenas tiene cuatro años, pero habla hasta por los codos. Ya le ha visto hablando solo en varias ocasiones. Claro, es un niño. Un hermoso niño que habla solo.
Hoy se ha quedado oyéndole sin que le viera. Mantenía una fluida conversación con alguien, puede que con un amigo imaginario. Y le ha gustado esa sensación, que tenga imaginación, sí, le ha encantado.
El niño se ha dado la vuelta y ha sonreído. Marta se acerca y se pone a su altura. Le presunta qué está haciendo, con quien habla. El niño le habla de su amigo. No lo veo, dice ella. Ya lo sé, contesta él.
¿Y qué te cuenta?
¿Qué quieres que te cuente, mamá?
¿Cómo? ¿Es que puede decirte lo que quieras?
Sí, sabe muchas cosas.
¿Qué cosas?
Todas.
¡Vaya! Pues...ummm...no sé qué preguntarle... 
Dice que papá está en un pueblo de Italia
¡Cómo! Italia.... ¿Qué más te dice?
Que los abuelos están bien.
Pero, cariño, los abuelos... Murieron en un accidente de coche,
Pero están bien.
¿Cómo sabe eso tu amigo?
Marta queda congelada. Se lo está inventando, claro, lo habrá oído en alguna conversación familiar, o yo qué sé. Marta decide cortar por lo sano. Un poco de imaginación está bien, pero...
Bueno, cariño, vamos a dejar este juego. Tienes que olvidar a tu amigo imaginario.
El niño se le queda mirando. Marta se levanta y va a salir de la habitación, pero el niño habla de nuevo.
Mi amigo dice que te diga que tu abuela te perdona por lo que le hiciste cuando tenías siete años. Marta se fue al sillón de la sala de estar, y allí se quedó toda la mañana llorando.

OLOR


Le gusta conducir, deslizarse por esas carreteras secundarias por donde apenas pasa nadie.
Hacía muchos años que no sentía esa sensación, la de abrirse paso hacia el horizonte como si no hubiese mañana.
Pero el viaje debe terminar.
Lo está pensando en este preciso momento, mientras llena el depósito de gasolina, mientras ya se empieza a notar el olor desagradable de la muerte que emana del maletero.

DOLOR SALVAJE


La única persona que puede arrancarle el dolor salvaje que lo destroza, acaba de salir por esa puerta para nunca más volver.

NO TE PREOCUPES, MADRE


La nevera llena, madre, con los congelados, pollo, fruta... En fin, de todo, madre.
Aquí te pongo el cargador del móvil, te lo dejo puesto en el enchufe para que no se te pierda, y el móvil en la mesa, por si tienes que llamarme.
Aquí te dejo la libreta con los teléfonos, el mío y el del hospital, que aún no estás recuperada del todo. ¡Nenes, dejar de montar escándalo, que la abuela le duele la cabeza! Sí, Tere, espera, que estoy con mi madre diciéndole que... No, sube a los nenes al coche, que ya nos vamos.
Madre, aquí te dejo las medicinas. Estas son las del desayuno, estas las del mediodía, y estas las de la noche. ¡Que no se te olviden, que tú ya no tienes la cabeza como antes...
Ojalá pudieses venirte, pero a ti no te gustan los viajes, y los nenes gritan mucho.
¡Ya voy, Tere, no hace falta que grites! ¿Pero aun estáis así? Venga, todo el mundo al coche.
Bueno, madre, nos vamos.
Y no te preocupes por nosotros, que quince días pasan muy rápido.

EN UN LUGAR


La asociación española de asociaciones regionales de vecinos, en nombre de todas las asociaciones provinciales de vecinos, y ésta, en nombre de todas las asociaciones de vecinos de cada pueblo de España, ha presentado una queja formal en los principales medios informativos de España, acusando a la Real Academia de la Lengua Española, de sumir a los jóvenes en la confusión y la desesperanza, con motivo del premio otorgado a Joaquín Casado, por la laureada reducción del Quijote. Recordemos que el texto reducido quedó así: - En un lugar, muerte ".
Dicha asociación analiza, por partes, el motivo que ha propiciado las quejas.
La primera parte (en un lugar), no sólo resulta ambiguo al no ofrecer asidero identitario, sino que permite la divagación informe, o más bien, deja sin asidero conocido a unos jóvenes que, justamente, necesitan tocar tierra y ser acogidos en un regazo amable y familiar, en una edad en la que un paso en falso puede dar al traste con su ansiado encuentro con el mundo en el que ansían madurar.
Pide, pues, la asociación al señor Joaquín Casado, la revisión de toda esa primera parte, y que se ande con cuidado, ya que nosotros, los mayores, tenemos la obligación de velar por que nuestros hijos obtengan la luz que sus caminos necesitan.
Y ya no hablemos de la sordidez que se adueña de toda la segunda parte, "Muerte", ese negro intríngulis lleno de desesperanza, pesimismo y vacío existencial.
El señor Joaquín pudo utilizar otro tipo de lenguaje, menos afectado por una densidad que no le hace falta, ni beneficia al texto. Creemos que los jóvenes no se merecen ese tono.
Y pensamos, más allá de toda duda, que D. Miguel de Cervantes jamás hubiese dado su aprobación a esta versión, al privarla de algunas de sus tramas laterales.
Desde este colectivo proponemos, desde el respeto más profundo, una versión mucho más positiva y edificante, y a cuyo resultado hemos llegado previa consulta de profesionales en el ámbito de la psicología, reconocidos por sus labores con los jóvenes.
El nuevo relato sería este: Texto: La Mancha, desvanecimiento. Así logramos un perfecto equilibrio, en donde la palabra desvanecimiento sugiere, más que mostrar, ese crudo final del relato reducido del señor Joaquín Casado.
Todo sea por nuestros jóvenes, por nuestros hijos.