Vistas de página en total

jueves, 3 de mayo de 2018

DEMASIADO SOL


Se levantó antes del alba con la cabeza llena de dudas y el corazón desarmado.
Y confuso, pues aunque su decisión era firme, no estaba completamente seguro de su naturaleza y finalidad.
Guardó un poco de pan y queso en las alforjas, arregló a su fiel Rocinante y partió hacia la línea del prometedor horizonte.
Durante toda la mañana cabalgó, somnoliento y soñador, por la llanura.
 bastaron aquellas pocas horas, con aquel sol vengativo destrozándole el cráneo, para que se lo pensara de nuevo.
No, La Mancha no quemará su sueño. Mejor, pensó, me voy a Galicia.

LA INVITACIÓN


El mesón está lleno de viajeros, y a su vez, algunos lugareños les merodean buscando la oportunidad de sonsacarles algún doblón. O de llenar la panza.
En la mesa pequeña, esa del fondo, se encuentran el señor D. Quijote y su fiel escudero, dando cuenta de una copiosa sopa de ajo.
Apenas se han fijado en la pareja de rufianes que les preparan una broma bien pesada.
Tampoco sospechan nada cuando la mesonera invita a D. Quijote a un poco de vino de parte de un misterioso caballero.
Y sin perder tiempo, nuestros amigos siguen su camino, seguidos de lejos por los dos pillos.
En menos de una hora pasarán cerca de los molinos, justo cuando el cornezuelo ya esté haciendo su efecto.

miércoles, 2 de mayo de 2018

LA BÚSQUEDA


No le importa salir a la calle en pleno día. Y eso que se expone a ser descubierta en cualquier momento.
Basta un pequeño descuido, unos centímetros mal calculados y, ¡zas!, quedaría en completo desamparo.
Y no le importa exponerse porque necesita un cuerpo. No uno cualquiera, no, sino uno de su tamaño. Y no uno de su tamaño solamente, sino de su tamaño exacto.
Entonces, ahí está cada día, buscando.
Según los ve, ya se hace una idea de si le viene grande o chico.
Tan sólo se arriesga a probarse cuerpos que pueden encajar.
Bueno, ella no sabe aún que su tarea es inabarcable, que existen más de siete mil millones de personas y que sólo hay una que le aceptará, que estará perfectamente hecha para una sombra como ella.
Y eso que su cuerpo también le está buscando.

AMANTES


Los dos maduros amantes se acarician como si no hubiese mañana.
El mundo desaparece tras esas miradas penetrantes, forjando tórridos deseos sin apenas tocarse.
Por su edad, por sus gestos, adivinamos un pasado pleno de vivencias en el límite de lo humano, cúspides nunca alcanzadas en esta tierra.
Apenas nos damos cuenta que, tras la pantalla, al acabar esos treinta segundos, nos están vendiendo un seguro de vida.

LOS LÍMITES DE SU SEXUALIDAD


Gerardo quiere explorar a fondo los límites de su sexualidad.
En el último mes ha tenido una sesión de cuero y otra con otro hombre.
Y hoy tiene una cita especial. Cuando llega, ella le está esperando vestida de novicia.
Gerardo, dos horas después, se da por satisfecho con la nueva experiencia.
La chica lo despide con cierta prisa después de cobrar. Quiere llegar, con tiempo suficiente, al convento para la misa de nueve.

UNA GLORIA INESPERADA


En ese momento, Sancho tuvo un presentimiento. Algo no andaba bien.
Su señor le precedía como punta de lanza que busca clavarse en sí misma.
El ambiente quedó congelado en un raro silencio. O puede que el silencio sólo ocurriera en su cabeza. Cuando vio los molinos asomar por la colina, Sancho sintió un agudo malestar que se extendió por todo su cuerpo.
Entonces, sucedió.
Don Quijote se puso a vocear como un loco, diciendo que la molinos eran gigantes.
Sancho , a su vez, le gritaba a su señor que no, no eran gigantes sino molinos.
En aquel momento de gran desorden y confusión, Don Quijote dio la vuelta hacia su escudero, y tal era la expresión de miedo de su cara y sus gritos, que Sancho entró en el mismo pánico que su señor. La delirante escena creció hasta tal punto que, por un momento, él también creyó ver que los molinos eran monstruosos gigantes.
Así que no le quedó otro remedio que quitarle la lanza a su señor y lanzarse, con su jumento, al encuentro de una gloria inesperada.

AMOR VERDADERO


Elena es una mujer de las de antes, de misa diaria, de recato y rectitud. Acaba de conocer a Elías en en una reunión parroquial. El flechazo ha sido mutuo e instantáneo. Los dos coinciden en las bases; boda, hijos, religión.
Han pasado dos años y, aunque ya tienen fecha para la boda, Elías aún no le ha contado a Elena que su pene mide cuarenta y dos centímetros.

ES IMPERATIVO


El joven aspirante a escritor decide probar fortuna con un relatín. Piensa que será una buena forma de tantear su talento. Abre la libreta que ha comprado y comienza a imagínar posibles hilos. El día que... Permítame que... Si pudieses... Sus maneras... Por aquel entonces... La mirada... Un relámpago... Y no, no se decide. Siempre le parece que habrá un principio mejor. El joven quiere estar seguro de cada palabra que escriba. Sabe que en un relatín, hasta una coma puede ser decisiva. Ya lleva varios días con el papel en blanco. Está enfadado. Por fin, aquella mañana, encuentra un comienzo estimulante. "Es imperativo..." Sí, ese es un buen comienzo. De hecho se da cuenta de que esas dos palabras reflejan exactamente su propia condición. Para él mismo, también es imperativo empezar. Y vaya si tiene éxito. Porque una vez plasmada esta entrada, las palabras se vierten en el papel a la velocidad de la luz. Cuando el incipiente escritor de relatines despierta de su inesperado trance, se encuentra un manuscrito que da forma a una saga de treinta y siete volúmenes. Lo del relatín, piensa, queda pendiente.

CRISIS


El escritor de relatines lleva varios días sin encontrar idea alguna.
Se da cuenta de que no logra dejar de lado el incesante run run de su diálogo interno.
Y tampoco el externo.
El mundo entero se revela como un obstáculo insalvable, tan denso, tan verborreico.
Entonces decide llevar a cabo un plan drástico.
Del fondo de su armario saca su pequeño tanga amarillo y se pone las gafas negras.
Las calles del centro de Madrid están abarrotadas.